Parhelion – Midnight Sun (2010)

por Xabier Cortés

ParhelionEl carácter místico del dark ambient. Dejarse llevar por su complejo entramado de texturas, sonidos y atmósferas con el único fin de encontrar ese lugar común en el que nos encontremos cara a cara con el artista y hagamos nuestros las ideas, conceptos, desvaríos y locuras que han quedado grabadas en su música, en su arte. La particularidad de ese lugar común creado por el artista y del que tímidamente nos hemos apropiado es que éste variará en función del último eslabón en la cadena de la comunicación: nosotros. Pequeñas variaciones en las que seremos capaces de abrazar recuerdos, generar nuevos o vete-tú-a-saber qué gracias a infinidad de mecanismos mentales más pero que serán personales e intransferibles: nosotros y sólo nosotros seremos conscientes de esas pequeñas dosis que activa el dark ambient en los enmarañados senderos de nuestra mente. Midnight Sun, de Parhelion hace suya esta máxima: generemos una colección compleja de ambientes densos, liberémosla y dejemos que cada cual encuentre ese lugar universal —con sus mínimas, en ocasiones, variantes— en el que nos encontrará.

Midnight Sun es solemne en sus desarrollos ambientales e inquietante en sus pasajes más gélidos y tenebrosos, hasta aquí nada que nuevo bajo el sol (negro) del dark ambient. Sorprende, para bien esta vez y alejándose ligeramente de la tendencia habitual, la capacidad de manipular, retorcer y moldear el sonido con el único fin de generar una sólida estructura sobre la que sostener un inmenso catálogo de guiños a la fragilidad del hielo, a la impenetrable noche y a un sinfín de gélidos misterios más. El frío, el hielo, el viento, la oscuridad son ideas que planean alrededor del disco y de los que seremos incapaces de despegarnos a medida que vayamos profundizando más y más en el disco. Álbum que se sirve de esa natural inquietud del ser humano hacia los paisajes helados para reforzar el carácter místico y misterioso del trabajo; el impenetrable manto blanco que cubre el terreno por el que a duras penas somos capaces de avanzar nos agota mientras tememos hallar una brecha frágil bajo nuestros pies que nos sumerja en un infierno líquido y helado sin escapatoria. Seremos incluso capaces de sentir el vaho escapando de nuestra boca a medida que avanzan las doce composiciones que componen el álbum y que recuerdan levemente al Endurance de Irezumi o a los pasajes más árticos de Vinterriket. Sentiremos también como nuestros músculos se tensan, como el entumecimiento se apodera de nosotros y como nuestro corazón empieza a concentrar la sangre en nuestro torso, olvidando nuestras extremidades a su suerte, en un intento final por mantenernos con vida. Podemos entender, y de hecho así deberíamos asimilarlo, este Midnight Sun como una herramienta, un complejo mecanismo que nos permite observar una realidad desde un prisma diferente.

Físico, emocional y místico, Midnight Sun completa un periplo delicado pero contundente por unos inquietantes rincones helados en los que nos encontraremos cómodos y seremos capaces de disfrutar de los sesenta minutos gélidos ambientes debatiéndonos entre el escalofrío y el sosiego.

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