Alcest – Souvenirs d’un autre monde (2007)

por Álvaro Mortem

Alcest - Souvenirs d'un autre monde (2007)Hay discos que están más allá de su tiempo no tanto por ser clásicos o por haber abierto una veta experimental hasta entonces imposible, tampoco por ser reductos inamovibles de un pasado ya muerto, sino por incapacidad para crecer. Para abandonar la infancia. Aunque podría interpretarse como una crítica, nada más lejos de la realidad: la posibilidad de vivir en un tiempo inamovible, hacer del afuera interior existencia, poder desplazarse a la fantasía con ojos infantiles, es una virtud sólo propia de aquellos sin contaminar por la triste realidad líquida contemporánea. Incluso siendo consciencia, parece más un acto mágico de algún artefacto de otro mundo que un auténtico arranque de crítica personal.

Souvenirs d’un autre monde es la joya que corona la inocencia de tal viaje. Su fusión de black metal con shoegaze no será ortodoxa, aunque sus resultados son incontestables: consigue combinar la oscuridad propia de un género que se casó con los orcos —Varg Vikernes, fanático de El Señor de los Anillos, fue Uruk-hai antes que Burzum: hay una evidente conexión en el género con lo feérico— con una luminosidad propia de los elfos haciendo así un doble tránsito en direcciones opuestas —pues donde los uruk-hai nacieron de los elfos, aquí se nos da la ecuación inversa; de lo grotesco también puede darse lo bello—, pero consigue hacer del género algo más accesible. Más amable. Lo cual no tendría ningún interés por sí mismo sino fuera porque en ese tránsito consigue hacer algo relativamente nuevo, transmutar el mensaje en algo absolutamente nuevo. Ni injerencias mitológicas ni guerras de religión. Su mensaje escora hacia la resistencia: la belleza de otros mundos, de la inocencia infantil, de dejarse invadir por la magia de lo ficticio. O de lo que es sólo real en algún otro mundo.

Eso no excluye que siga siendo, en esencia, black metal —y por extensión, el fracaso de sus siguientes trabajos sea abandonarlo—. Tenemos baterías atronadoras, bajos cavernosos y riffs como murallas de ruido densas como la noche; tenemos el evidente contexto político del género, aquí en canto de resistencia contra Lo Real como imposición que interfiere contra nuestros deseos auténticos; tenemos a Alcest, una evolución connatural al black metal que se agota en sí misma: es imposible refinar más la fórmula sin abandonar el género, sin abandonar la fórmula. Intentar ir más allá es adentrarse ya en los terrenos del cuento de hadas naïf, sin consciencia. Si afirmamos que es un disco que nace desde y hacia la infancia, que no para la infancia —porque hace falta un entendimiento crítico del género para apreciar sus matices, cosa que no puede darse en un niño por precoz que sea—, entonces podremos entender por qué en su crecer acaba agotándose. Por qué sólo tiene sentido, si es que no valor, cuando permanece suspendido en lo etéreo de su particular otro mundo más allá de las imposiciones realistas de un mundo abotargado por su propio fracaso de revolución; porque si algo ha sido siempre el black metal, es revolucionario.

¿Cómo es posible entonces hacer transitar hacia terrenos más amables el black metal sin hacerlo digerible, asimilable por los poderes fácticos? Una posible respuesta es Souvenirs d’un autre monde, un viaje a los mundos feericos de una infancia jamás abandonada por los auténticos revolucionarios; porque soñar también es un acto político.

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