Nirvana – Bleach (1989)

por Álvaro Mortem

Nirvana - Bleach (1989)Es tan fácil como triste olvidar los méritos de aquellos que consiguieron la popularidad anhelada que sólo pueden dar las masas. Como cuando presenciamos el castigo de alguien cuyos actos desconocemos, haciéndonos pensar que «algo habrá hecho», cuando un grupo alcanza cuotas de popularidad supuestamente reservadas al ámbito pop, tendemos a pensar lo mismo: «algo habrá hecho». Donde algo significa venderse al capital, abandonar su pureza en favor de una comercialidad mayor. Y es así al menos si obviamos las excepciones, aquellos artistas que consiguen entrar al asalto en el éxito masivo sin dejar de lado aquello que les confiere personalidad.

Hablar de Bleach no es hablar de una rareza, pero sí es hablar sobre la metódica violencia de un grupo que, en ocasiones de más, recordamos por tonadillas más próximas hacia la amabilidad. Amabilidad que no era tal. Desde el minuto uno lo que encontramos en Bleach es una bola de demolición que viene directa hacia nuestra cara, un directo en las pelotas que nos desestabiliza y deja doloridos en donde más duele: en los prejuicios; cualquier pretensión de encontrar aquí un rock oscuro-pero-dulcificado se dinamita al segundo por un grunge que se nos muestra contenido en su herencia siniestra: el stoner. Eso no excluye para que Kurt Cobain matice, se recree en toda clase de registros; desde las pseudo-baladas, como About a Girl, que crean un contraste más sereno en el violentado conjunto, hasta las psicóticas proximidades al hardcore primitivo à la Cro-Mags en Negative Creeps, se nos da una uniformidad que nace en una coherencia estilística interna, que nace en su disparidad sólo aparente. Es imposible reducir a Nirvana en Smells Like Teen Spirit, incluso cuando sería lo más cómodo para quienes se arropan con el odio como bandera purista.

Nirvana desarrollaron con Bleach una potencia incontestable. No deja de sorprender que éste sea aún su primer disco, o el hecho de que sea del 89, cuando ni siquiera sus influencias más evidentes han despegado con la fuerza centrípeta que alcanzarían durante la década siguiente; existe en ellos cierta capacidad visionaria, una inefable capacidad para conectar con un público poco o nada predispuesto. Inefable, porque aunque pueden buscarse justificaciones variadas —sus singles tienen espíritu de himno, el grunge es más accesible que otros géneros, Kurt Cobain era atractivo, era una réplica de la inestabilidad juvenil de los 90’s— son todas razones que no podrían explicar el éxito de Nirvana sobre los demás grupos de la época. O sobre grupos equivalentes en razones en tiempos más próximos al nuestro. Por eso, aunque sea inenarrable la razón del éxito de los oriundos más famosos de Aberdeen, nos debe quedar clara una cosa: Bleach es, por peso propio, una de las joyas atemporales del rock.

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