Oscar Mulero – Biosfera (2013)

por Álvaro Mortem

Oscar Mulero - Biosfera (2013)La constancia es sino del mundo. No debería extrañarnos que cualquier progreso se produzca en constancia, en avanzar un paso cada vez, no en salvajes explosiones creativas que nos llevan más allá de lo conocido; el mundo es progresión constante, ni estancamiento ni explosión. Cualquier pretensión de reducir la novedad al hecho de articular un discurso nunca antes visto, nos conduce al fracaso: lo absolutamente nuevo carece de sentido en tanto inconstante: nos es desconocido e impensable, ajeno a lo humano. La novedad por la novedad carece de sentido. Por eso tiene sentido progresar con calma, volver al pasado, seguir rutas que se consideraban hasta entonces intransitables, recuperar caminos olvidados. «La constancia es mi esencia» —contravino la rueda.

Nadie puede negar que Oscar Mulero tiene la virtud de la constancia. La tiene no sólo porque su ritmo de trabajo es constante, nunca dejándonos mucho tiempo sin disfrutar de su cosecha, sino también porque aplica tal constancia en los mecanismos internos de su obra: cada trabajo es más refinado, más perfecto, asumiendo cada vez sendas mejor trazadas que en tiempos anteriores. Esa es la labor última de cualquier artista. Aunque Biosfera no es una ruptura tan fuerte en lo estilístico como pudo suponer Black Propaganda, quizás su opera magna, sigue las rutas que éste dejó abiertas: se enfunda en IDM para fundar un sonido que, sin abandonar los fastos del techno, se enfanga en frondosidades que se suponían vetadas al género. Aunque hereda del IDM de principio de los 90’s un sonido integrado en su estilo, su herencia más evidente se desarrolla en el plano de uno de los clásicos indomables del género: el Selected Ambient Works 85–92 de Aphex Twin.

Abandonando el tono festivo, o todo lo festivo que pueda ser un género auto-denominado inteligente —quizás más en un acto de irreverencia irónica que en prepotencia sobre sus cualidades—, sumerge sus lides en el delicado ejercicio de transportarlo a un ámbito de tinieblas. Ahí tenemos la herencia de Black Propaganda. Aún es posible hablar de ese techno oscuro, dispuesto al asalto por la espalda para el robo del alma, por su disposición ya roto, que se despliega en ágil huida de rata. Ágil, no por ello minimal. Au contraire, Mulero se jacta en sus melodías de un maximalismo que multiplica exponencialmente el contenido interno que configura la lógica subyacente del techno, siguiendo la lógica imperante matemática: más es más, no menos; la fusión de luminoso IDM con oscuro techno, de herencia ambient en su ADN, no sólo no resulta en paradoja sino que se resuelve como avance: la música de Mulero gana en capas y complejidad, por ello en belleza.

«La constancia es mi esencia» —contravino la rueda, pero podría haber dicho Mulero.

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