Einstürzende Neubauten – Silence is Sexy (2000)

por Álvaro Mortem

Einstürzende Neubauten - Silence is Sexy (2000)Existen reglas para algo. Que tal «para» se entienda generalmente como «para respetarlas» en vez de «para joderlas» es sintomático de nuestra época: no existe ni rebelión ni su posibilidad, todos queremos ser el chico listo de la clase al cual felicitan con tonillo. Ese tonillo; el tonillo con el que se habla a un perro, los felpudos con patas de la naturaleza. Quienes entienden «para» como «para joderlas siempre», no son mejores; incluso para violar las reglas, primero hay que comprenderlas para que al hacerlo no las legitimemos. La rebelión es imposible. O es imposible cuando no se hace desde la irónica consciencia de saber que debemos jugar con sus reglas pero interpretándolas hasta el límite anterior de la ruptura. Sólo la cantidad justa de deriva amplía, no destruye.

Hablar de Silence is Sexy es hablar de una rareza. No sorprende, Einstürzende Neubauten se definen por anidar en la extrañeza, salvo por el hecho de hacerlo; el concepto de silencio que desarrollan en este trabajo tiene que ver más con un silencio cromático, con un silencio que se desarrolla por fugas psicogénicas de color, que por ausencia del sonido. ¿Demasiado críptico? Quizás: es imposible hablar de Einstürzende Neubauten sin caer en su juego: aquí la música se convierte en pintura, el 4:33 de John Cage en una elegía musical, el silencio en poesía, la crítica en una imposibilidad. No imposible porque no existan significados que descifrar, sino por su exceso; existe tanto que desgranar en Silence is Sexy, que cada tema podría prestarse al análisis monográfico que, con sencillez, podría quedar rayano lo banal. O peor aún, abrazar la pretenciosidad.

¿Qué es Silence is Sexy? Una gamberrada, un chiste, una apología del absurdo lógico. Se contradice a sí mismo, se diagnostica Seriedad Crónica y después salta con un chiste musical sobre la gravedad newtoniana con efectos de inspiración cartoon, como único método posible para llegar hacia alguna parte. Alguna parte desconocida, si es que no inexistente. No llegan hasta el punto de romper con aquello conocido como música, pero se hacen ver como si fueran a caer al abismo del ruido, el silencio o el mero sin sentido. Silence is Sexy es una fiesta donde nadie que quiera asistir está invitado, entrando sólo en aquellas casas ajenas donde ni sospechan su existencia; Silence is Sexy es sodomía por sorpresa, un desagradable encuentro con lo que hacíamos mejor en no conocer. O no. Quizás sea un encuentro gozoso en el cual descubrimos placeres impensables hasta entonces, en esa muerte de la ortodoxia: la bastardización de la música, que nos permite todo.

Al fin y al cabo, el silencio es sexy. Tan sexy, que no lo es en absoluto.

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