Les Rallizes Dénudés – Mizutani (1991)

por Álvaro Mortem

Les Rallizes Dénudés - Mizutani (1991)La insistencia por bañarse dos veces en la misma agua es el mal endémico no sólo de la música, sino de la cultura en general. Crítica incluída. Al reducir cualquier discurso a lo conocido, con grupos se mantengan bajo estrictas coordenadas pasadas y géneros sean ejemplos de solipsismo incapaces de ver fuera de sí mismos, lo único que conseguimos es encerrarnos en discursos vaciados de vida: nada respira, ni se mueve, en unas aguas tan procelosas como tranquilas. Ya pueden serlo: nacieron muertas.

Les Rallizés Dénudés consiguieron salir con Mizutani de lagos estancos para sumergirse las aguas bravas; lo irónico es como acontece el salto: del noise a la psicodelia de corte amable, próxima al folk. Riesgo también es asumir menos riesgo. Su adquirida sencillez, apenas sí adornada con guitarras y percusiones, voces y silencios, es onerosa. Lo cual no significa que no impongan su ley; desde los seis minutos hasta los veintidós, o ya moviéndose en la horquilla menor a dos, desafían toda convención genérica retorciendo en forma su propuesta a través de elementos clásicos: repeticiones, aliteraciones y variaciones mínimas, además de una evidente inclusión de cierto deje à la enka, dotan al conjunto de una fuerza disruptiva: consiguen hacer trascender el ruido como experimentación para situarse en lo puramente musical. Sin concesiones. Vuelven a las formas clásicas, incluso añejas, consiguiendo en tal proceso pervertir el mensaje.

A veces, re-leer el pasado es re-leer nuestro presente. Hay más vanguardia en estas composiciones, sólo en apariencia clásicas, sin riesgo, que en cualquier deje ruidista de jóvenes que apenas sí conocen la tradición contemporánea de la música popular: se apropian de lo culto y de lo popular, de lo alto y lo bajo, de lo venido y por venir, para componer su propia leyenda. No se conforman con repetir fórmulas, con beber del ruido cuando se ha agotado, o de volver a la psicodelia cuando ésta ya no es la misma en los 90’s que en los 70’s; asumen su posición desde los márgenes estrictos, desde el único lugar que puede surgir el arte: allí donde no hay injerencias externas, donde nadie puede manipular intereses. La genialidad surge en márgenes. Como en márgenes surge, habría que cuestionar entonces qué consideramos experimental en un tiempo obsesionado sólo con un pasado reciente; pasado que no es tal, porque siempre se repiten las mismas tradiciones impensadas.

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