Zombi – Spirit Animal (2009)

por Álvaro Mortem

Zombi - Spirit Animal (2009)Hay tanta música en la naturaleza como necesidad de hombre que la escuche; no importa cuan bello pueda ser un arroyo o un pajarillo: sin humanidad, nadie podrá apreciar su sonido. Podrán oírlo animales, quizás incluso reverberar el mundo entero, pero nadie podrá admirarlo como fruto de belleza. No habrá belleza, porque no habrá sentidos que la aprecien. ¿Y si hablamos de espíritus animales? Hablamos entonces de aquello consonante con lo humano; todo espíritu animal es abstracción realizada desde nuestra perspectiva, desde nuestra visión de los animales como entidades totémicas que trascienden su condición física. O lo que es lo mismo, todo cuanto existe lo hace porque existen mentes que lo aprecian.

Spirit Animal es un canto vital extraño por cósmico, por cósmico conectado con los principios espirituales de su condición mística. Los alucinados sintetizadores de Zombi se prestan aquí para recrear paisajes a vista de pájaro o pisada de elefante; pero también para leones reconvertidos en slasher: incluso pretendiendo explorar condiciones místicas, en apariencia alejadas de sus más queridas influencias kraut que los arrojan hacia consciencias próximas al terror, éstas acaban saliendo a la luz: lo que puede empezar con una melodía de sintetizador que imita el sonido de la sabana puede acabar, sin demasiado problema, en búsqueda trascendental a través de machetazo bantú. Re-definen el terror, y su condición misma, a través de su cabalgar hacia las esencias. Por eso, por su profundo primitivismo, la función que cosechan aquí Zombi linda con el genio psicotrónico; es alucinado pero, en su alucinar, auténtico.

Bien es cierto que no supone ningún cambio particular, ahí siguen con Goblin como referente, porque tampoco lo necesitan. Su space rock funciona, ¿para qué arreglar lo que no está roto? Eso se cuestionan cuando dejan volar sus sintetizadores, sus lineas de bajo distorsionadas ad nauseam en suerte de giallo musical, que ni quiere ni necesita de reformas en profundidad para seguir siendo fértil. Su fertilidad nace de lo primigenio, de los espíritus animales que invoca, de la naturaleza destilada a través de la música nacida del plasmar la belleza de un mundo en fuga. Porque la belleza en espíritu de los animales, de la naturaleza, no se da por sus componentes físicos, matematizables, sino por aquello que son de forma más profunda: el majestuoso espectáculo de la naturaleza en acción; como lo son Zombi, quienes domaron la música para volverla sutilmente salvaje.

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