Sixx – Sister Devil (2009)

por Álvaro Mortem

Sixx - Sister Devil (2009)

No hay verdad más profunda que la perversión. Quizás no perversión entendida como pulsión vacía de toda significación, apenas sí subconsciente materializándose en lo sexual, sino en aquella que se pretende constructora de sentido; cuando se hace consciente, cuando revierte los códigos esenciales de algo, es cuando hace de su existencia creación. Eso lo sabía bien el cristianismo: erigió sus iglesias y sus festividades sobre las de sus rivales, redujo sus dioses a imágenes de Satán, se apropio de sus santos e imágenes haciéndolos propios. Trabajó la perversión como base de su existencia. No existe revolución sin perversión, pues ningún cambio puede producirse sin hundir sus raíces en aquello que es familiar al mundo.

Sixx, nacidos de las entrañas del seminal grupo de black metal estadounidenses VON, conocen bien la necesidad de entrar al asalto cuando se trata de re-fundar los aspectos esenciales del movimiento. Aunque se pase del black metal al post-punk. En ese tránsito no aparcan ni el satanismo ni el paganismo, lo refuerzan más bien en un plano irónico —no por ello peor, sino más consciente—, abrazando por el camino los modos próximos al post-punk; sus reminiscencias orbitan alrededor de Joy Division, lo cual no excluye que la otra gran referencia casi pueda sonar blasfema en el contexto del género: Black Sabbath. Aproximación no evidente en términos melódicos, que hereda las formas clásicas del post-punk, sí en la atmósfera que suscitan: sus dejes doom y sus formas paródicas de El Mal recuerdan el despliegue pseudo-maléfico que encontramos en sus primeros discos. Logran un post-punk ortodoxo, sin graves desviaciones, de subtexto ajeno al género: un fresco satanismo bufo.

No hay nada en Sister Devil que no se arroje con interés a la profanación, sea del género o de los estatutos cristianos de la sociedad. Eso no excluye que sus bases se den como férrea ortodoxia; si puede ser apreciado como un disco brillante de clásico post-punk, también, del mismo modo, su propuesta resulta más estética que ideológica: asume de facto que lo ridículo del cristianismo —como del satanismo, en cualquier caso— es tomarse demasiado en serio. No adoctrinan, sólo buscan una buena dosis de oscuridad por plasmar. Lejos de retortijones adolescentes que resultarían ridículos de escuchar en señores de cierta edad, un clásico de la vergüenza ajena en nuestra época, asumen cierta distancia a través de la profanación metódica, jocosa quizás, que les permite llegar hasta el punto cero de su proyecto: la ortodoxia musical total. Son puro post-punk. Son malvados, en el sentido baitailleano: como plasmación de dogmas ajenos a los de la ortodoxia contemporánea, por profanos. Conjugan forma y fondo en un todo rico en matices, bello en música, entregándonos algo que ya parecía imposible en nuestro tiempo: un disco de puro post-punk que no debe deudas a ninguna desviación actual del género.

Nada más que bienvenidos pueden ser.

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