Chelsea Wolfe – Pain Is Beauty (2013)

por Xabier Cortés

a3637670072_10Son varias las características que otorgan a una persona el status de artista, podemos mencionar como una de las más importantes el contar con una curiosidad obsesiva por buscar la belleza —que es, al fin y al cabo, el objetivo de todo Arte—. Otro de los fundamentos artísticos imprescindibles para completar una obra coherente debería ser no temer la aventura y el riesgo que supondría, a priori, abandonar su zona de confort artística; cometer errores y que éstos mismos formen parte de la obra, del camino a la belleza. Por último y, por supuesto, poseer una capacidad innata para saber escapar de los registros —o de adscribirse sólo a uno de ellos— para explorar varios de estos en esa sempiterna búsqueda. Una capacidad de adaptación a diferentes medios y géneros fruto de la genialidad y con el imprescindible filtro para saber qué registros elaborar a la hora de componer el mensaje. La artista californiana Chelsea Wolfe sabe jugar con todos estos factores y construye un complejo y melancólico trabajo en Pain Is Beauty.

A Chelsea Wolfe se le colgó enseguida la etiqueta goth nada más aparecer en escena su primer trabajo de 2010 —The Grim and the Glow— cuando hacerlo, acotar la música de Chelsea sólo al goth sería cometer un injusto e imperdonable error. Son muchas las formas que adapta Chelsea Wolfe a su música, en ese eterno periplo en busca de la culminación de su Arte explora terrenos que van desde lo onírico del ethereal —debido a la exquisita, lánguida, reverberante y espectacular voz de Chelsea— hasta la sofocante atmósfera drone ambiental siempre al acecho pasando por unas exquisitas maneras folkies que dota de un genial toque de autenticidad al conjunto, sin olvidarnos de esa gélida capa industrial abriga todo este conglomerado hasta desembocar en una oscura orgía musical occult que le otorga a Chelsea Wolfe un halo místico imprescindible para entrar de lleno en el particular universo que ha tenido ha bien construir aquí. Incluso sabremos apreciar guiños y dejes a los sonidos metálicos —como en la magnífica Feral Love que abre el álbum—. Pero, en realidad, si algo sabremos reconocer es este Pain is Beauty es que se mira en el espejo de Michael Gira y sus Swans, esto no hay por qué esconderlo. Se mira y se reconoce a sí misma como una obra particular, no un mero refrito de los preceptos grabados a fuego por los neoyorquinos. Es aquí, precisamente, donde reside parte del mérito de esta obra, por un lado, y que sirve a su vez como muestra de la capacidad creativa de la artista californiana.

Personal, melancólico, oscuro e intransferible. Así es este Pain Is Beauty de Chelsea Wolfe. Exige—como toda buena obra que se quiere llamar a sí misma artística y no verse convertida en un mero producto «cultural» de fácil consumo y digestión pero nulo poso— paciencia para acomodarnos y alcanzar a comprender su magnitud. Dejarnos rodead por la oscuridad, por las maneras pop de algunas melodías, por la idiosincrasia folk, por el dramatismo industrial, por la intensidad y por el sofoco drone. Así y sólo así podremos apreciar esta obra en su correcta dimensión.

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