Gesaffelstein – Aleph (2013)

por Álvaro Mortem

Gesaffelstein - Aleph (2013)Toda lista es injusta por definición. Elegir una serie de elementos sobre otros, incluso cuando no hay jerarquía nítida entre éstos redunda en caos, creando falsa sensación de unidad a través de falsas etologías; nada hay que los aúne salvo su pretensión de ser lo mejor. O lo mejor de cuanto conocemos. Si pudiéramos tener conocimiento absoluto al respecto de la cultura, no mediado ni por tiempo ni gustos, entonces toda clasificación tendría un sentido; en tanto seres contingentes, atados a nuestras limitaciones, siempre nos faltará por conocer el panorama de forma más amplia para poder justificar nuestras elecciones. Toda lista es siempre provisional: a la genialidad le gusta esconderse.

Si pretendiéramos entender Gesaffelstein desde las directrices del techno, sólo desde éstas, no comprenderíamos su interés. Si bien es cierto que su discurso redunda en las bases del género, además de circunscribirse en cierta medida en su sonido —o lo que es lo mismo: anonimato y búsqueda de un sonido puro, centrado en repeticiones bailables—, no podría decirse que se limita al mismo; su introducción de elementos próximos al electro house o su inconfundible tono oscuro, redundando en construir paisajes de onerosa oscuridad, casi heráldica, propia de realeza asumida en sombras, le sumergen en terrenos desconocidos para el techno desde hace décadas: generar interés fuera de su entorno, incluso dentro del ámbito popular, sin necesidad de quebrantar sus bases esenciales. Gesaffelstein es Kraftwerk post-Kraftwerk. Es evidente no sólo porque consiga lo que sólo éstos consiguieron —e YMO—, adentrar la cabeza fuera del nicho, sino porque su sonido se ampara en reminiscencias propias de los alemanes.

Con elementos industrial y hard tech, además de una evidente disposición hacia lo alegórico, construye un discurso que hace de su singularidad baza mayor para resultar atractivo. Asume su lugar en la tradición, pero es otra cosa; está tan contaminado de referencias externas, de música y literatura, de arte y mesmerismo, que es imposible pretender entenderlo sólo desde la tradición. Por mutante que ésta sea. Desde el título mismo, Aleph, más que probable referencia a Jorge Luis Borges; aún más posible referencia al símbolo matemático, impone unos intrincados límites. Desde sus videoclips y espectáculos visuales, parte integral de la música —con especial atención al de Pursuit: una odisea borgeana pasada por el tamiz deleuziano tan querido por el techno—, hasta la música en sí, todo cuanto guarda en su interior resulta en un asalto al principio normativo del arte: abarca todo, lo devora todo, referencia todo. He ahí que Gesaffelstein, Gesamtkunstwerk/ffel/Einstein, la suma de arte total y Albert Einstein, sea en sí mismo un portmanteau imposible que se oculta dejándose a la vista: le hemos escuchado producir a Kanye West y Daft Punk, con todo se nos ha caído de las listas. Repugnante cuestión: 2013 fue el año de Gesaffelstein. Como esperemos lo sea el 2014.

A la genialidad le gusta esconderse. Incluso cuando se esconde detrás de exhibirse delante de nuestras narices.

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One Comment to “Gesaffelstein – Aleph (2013)”

  1. Muy buen articulo, nada más como nota “Aleph” no hace referencia al Aleph de Borges, si no a la letra “aleph” del alfabeto hebreo osea a la “a”, más concretamente refiriéndose a alfa cómo el principio

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