Mogwai – Rave Tapes (2013)

por Álvaro Mortem

mogwai-rave-tapesCuan difícil es hablar de lo que se ama cuando nunca podemos sabernos apasionados o justos. Injustos por definición, demasiado mediados por unos sentimientos encarnados, es conditio sine qua non para la crítica, para la existencia, para la vida, que no podamos discernir con objetividad, o no con objetividad preclara, aquello por lo cual nos hemos visto mediados; en último término, ni siquiera cuando no hay sentimiento alguno: cada cual con su bagaje, con su experiencia o su aprendizaje, ya arrastra unos prejuicios que, de superar, no necesariamente le brindarán de objetividad. Los prejuicios también hablan. Cuando nuestros prejuicios paralelos confluyen, se encuentran en un punto común, el juicio dependerá de saber mantener la cabeza fría evaluando sus intersecciones: si funciona o no dependerá exclusivamente de lo bien (o mal) hilado de la propuesta.

Hablar de Rave Tapes es hablar de lugares comunes carentes de interés, carentes de interés por manidos, manidos por no superar en exclusiva los prejuicios de qué supone el post-rock: conocemos la evolución de Mogwai, por qué Mr. Beast es su opera magna —o no, ya que la crítica insiste en darle su título a Hardcore Will Never Die, But You Will; Síndrome del último disco, en cualquier caso: el último siempre fue el mejor/peor— o por qué Mogwai Young Team es su epitome de juventud. Lo que todos callan es la vejez. Vejez que, en tanto viruelas, es más cómodo volver hacia formas más puras de juventud que hacia avances experimentales sobre campo, esos avances que sólo se encuentran tras un proceso de creatividad incierto: Rave Tapes abusa del experimento nimio, del sintetizador, del rock minimal. Se olvida del post-rock, porque se acuerda demasiado de él, volviendo a sus orígenes añadiendo en el proceso sintetizadores. Como si eso supusiera cambio alguno. Sólo cuando se arropan detrás de tormentas de guitarras, de evoluciones imprevistas, incluso de cierta brevedad antagónica al género, consiguen crear algo sustancioso.

Mogwai no son 65daysofstatin, no necesitan serlo, no pueden serlo: carecen de capacidad para crear paisajes electrónicos trazados a través de las formas propias del post-rocm, o para llevarlas hasta la genialidad. Devanean por lo electrónico, dándole forma, pero no pasa de ser un trabajo juvenil con sintetizadores por una banda que se supone madura; resulta incómodo ver al genio intentando replicar, en otros campos, un genio que no tiene: nadie quiere ver a Michael Jordan jugando al golf, todos queremos verlo jugando al baloncesto; nadie quiere ver a Mogwai haciendo pseudo-electrónica, todos queremos verlos haciendo post-rock. Post-rock que nos escamotean, que nos dan con cuentagotas, siguiendo el camino trazado desde sus últimos discos sólo en tímidos devaneos que despuntan, con diferencia, como las composiciones más contundentes de Rave Tapes.

Nada les sobra cuando dejan de lado sintetizadores para abrazar guitarras, atmósferas, experimentación auténtica. Cuando Mogwai deciden ser Mogwai, evolucionar, buscar otros terrenos, dejan de perder pie, buscando pseudo-experimentar con un campo que no dominan, consiguiendo darnos ligeros apuntes sobre cómo podría haber sido, en tanto genialidad, el disco.

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