Nadja – Radiance Of Shadows (2007)

por Xabier Cortés

NadjaVivimos tiempos complicados para el Arte. Somos parte de una generación en la que algunos —muchos más de los que nos gustaría, en realidad— sacrificaron la lectura por el cine amparándose en un argumento tan vacío como, a su vez, sintetizador de estos tiempos espídicos que nos toca vivir: “por qué leer el libro si una película me lo cuenta en dos horas”. Demoledor. Señal de los tiempos, estandarte de una sociedad que piensa que su tiempo es demasiado valioso para ciertas cosas mientras que derrochan horas y horas en otros estímulos inmediatos, impulsos vacíos dispuestos de manera grotesca ante nosotros, de fácil digestión, mínimo poso, convertidos en una forma «sana» de evadirte pero sin llenarte la cabeza de ideas no-vaya-a-ser que te des un golpe contra la realidad y te dé por hacer o decir algo diferente y/o arriesgado. Por eso cobra más sentido si cabe la existencia de proyectos artísticos como Nadja, por eso son necesarios trabajos como éste que hoy nos ocupa: Radiance Of Shadows.

En una sociedad en la que todo tiene que estar «ya» y «antes», en una comunidad en la prácticamente no existe tiempo para la reflexión, atreverse a lanzar un disco con el trasfondo, la profundidad y los múltiples detalles con los que cuenta Radiance Of Shadows parece poco más que una boutade o, por lo menos, un ejercicio claro de entablar una sesuda conversación con un muro de hormigón armado. Un álbum con solamente tres composiciones pero que se alarga más allá de la hora y veinte minutos es ya de por sí toda una declaración de principios e intenciones por parte de Nadja: aquí se viene a reflexionar sobre y a disfrutar de una obra de arte, dedícale el tiempo que se merece o largo de aquí. Sumergirse en las aguas de Nadja no es desde luego un ejercicio sencillo; nos ancoraremos rodeados de unas intensas manifestaciones sonoras en forma de densísimos y largos desarrollos ambientales entremezclados con no pocos elementos cercanos al doom drone de los aclamados y siempre magníficos Sunn O))). Nadja, o lo que es lo mismo, el combo formado por Aidan Baker y Leah Buckareff  son capaces de recrear un paisaje entre la bruma y la oscuridad, denso e intenso en el que reflexionar acerca de la deriva de nuestra querida/odiada sociedad occidental —nótese el guiño a las palabras de Oppenheimer en el título de la composición que abre el álbum, por ejemplo—. Un sonido que se arrastra por lo subterráneo, repta lentamente pero con delicadeza emergiendo en los momentos más frenéticos y metálicos para rápidamente volver a resguardarse en el subsuelo en esos interludios casi silenciosos en donde la voz y la experimentación hacen acto de presencia.

Un sonido compacto, denso, un ambiente al que no llega la luz y del que no se puede escapar. Un viaje convulso, complejo y que requerirá de todos nuestros sentidos para ser capaces de asimilar la complicada estructura sonora que se presente ante nosotros, un sólido andamiaje cimentado en  una cuidada base ambiental en la que se da una lucha sin tregua entre los parajes más etéreos y los delirios doomdrone, y que en ocasiones rozarán el puro ruido, más desquiciados.

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