Puscifer – Conditions Of My Parole (2011)

por Xabier Cortés

puscifer-conditions-of-my-paroleExiste algo embriagador en los proyectos paralelos. Bien es cierto que en ocasiones —las que más, lamentablemente— estos proyectos, surgidos lejos de la protección de la nave nodriza, no dejan de ser escaramuzas totalmente prescindibles y que no merecen más que una escucha anecdótica, como anecdótica resulta su génesis. Una experiencia rápida y sin poso que nos obligará a volver inmediatamente al sonido original y materno del que surgió ese apéndice malformado y grotesco. Desde luego que este tipo de escarceos — sólo los que infausto resultado, eso sí— suelen dejar en evidencia la nula capacidad creativa del perpetrante más aliá de su labor en su banda madre, lo cual puede resultar hasta útil, si me apuran. Afortunadamente para nosotros, existe una clase especial de genios cuyo propósito a la hora de lanzarse a la aventura en solitario, aparte de dar rienda suelta a esa maldita genialidad, no es otro que investigar y profundizar en sonidos y disciplinas que por diferentes motivos resultan imposibles de explotar en el proyecto principal. Maynard James Keenan es este tipo de genios y Puscifer es su engendro alejado de Tool y de A Perfect Circle siendo este Conditions Of My Parole una muestra (más) de su inmensa capacidad creativa y de, por qué no admitirlo, de ese punto de locura inherente a la genialidad.

Lo que comenzara como un proyecto de Danny Lohner —y cuya primera referencia era una canción para la banda sonora de Underworld, para bien o para mal— enseguida mutó en una suerte de manifestación de la genialidad creativa de Keenan convirtiéndose este último en el único miembro fijo de este extraño proyecto. En este segundo LP acaba de sopetón con aquel irritante halo de humor que rodeaba al anterior V Is For Vagina —parece ser que la herida cómica de Keenan no acaba de sanar—  y, sobre todo, a la colección de remezclas y productos alrededor que aparecieron después. Conditions Of My Parole no. Este álbum refleja la particular idiosincrasia del carismático y esquivo líder de Tool: encontramos guiños a la americana en Green Valley —con un soberbio juego vocal—, chocaremos de frente con los devaneos electrónicos, que nos acompañarán a lo largo de los algo más de cincuenta minutos de este viaje por el subconsciente creativo del maestro Keenan. Abrazando el trip hop, el rock alternativo, el IDM —como ocurre con esos ritmos artificiales y mecánicos en Monsoons—, la colección de elementos sonoros y giros musicales que se dan cita aquí son envolverá en una deliciosa atmósfera cálida de la que no querremos escapar.

Que Maynard James Keenan es uno de los mayores genios musicales de los últimos veinte años es algo que no por sabido debiera dejar de repetirse.Desde la atalaya de Tool, las trincheras de A Perfect Circle o desde el mundo subterráneo de Puscifer resulta imposible no dejarse contagiar por el genio y la audacia de Keenan: ese deseo de empujar siempre hacia adelante, explorando terrenos desconocidos para después volver y llevarnos de la mano hasta ellos para que seamos capaces de disfrutar de esos parajes misteriosos. Aquí reside la magia de los genios, aquí está el regalo de Maynard James Keenan.

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