Sol Invictus – Death Of The West (1994)

por Xabier Cortés

Sol InvictusQué mejor forma que reivindicar las viejas y olvidadas formas de organización social y manifestar un descontento profundo con el devenir de una sociedad occidental —limitémoslo sólo a Europa— que hacer uso de formas musicales asociadas con las más antediluviana tradición como es el folk. Olvídense en este punto de todas esa horda de impostores disfrazados de juglares de mercado medieval barato, de ese venenoso espíritu festivo y de esa vergonzosa «tradición» en la que se entiende como auténtico comportamientos tales como comer con las manos y limitarse a comportarse como un hooligan disfrazado con mayas à la Robin Hood. Frente a la fiesta de unos, los otros —los nuestros, los que nos interesan en esta santa casa, los verdaderos artistas— reflexionan sobre la deriva de occidente, critican a La Metrópolis como cementerio que es y, lo que es más importante, se atreven a plantear soluciones y alternativas. Es esto precisamente, la capacidad de presentar una alternativa a la actual construcción de la sociedad occidental, lo que enseguida enciende las alarmas del reducto ignorante de siempre. Esa caterva de bienpensantes que rápidamente pone a funcionar su maquinaria para tachar de simpatizar con innecesarias ideologías totalitarias caducas a los proyectos musicales que se describen bajo esos planteamientos. Sol Invictus es uno de esos proyectos que tomando como forma la tradición musical europea la utiliza como arma para denunciar la vertiginosa y desenfrenada caída que esta sociedad esta sufriendo y quizás Death Of The West sea el trabajo que más claramente lo denuncia.

La muerte de occidente como sociedad, como orden, como comunidad. Este álbum de Sol Invictus —como todo el resto de su gigantesca discografía, en realidad— se puede y debe entender como una carga explosiva colocada en los pilares principales que sostienen esta sociedad. La grandeza, o uno de los elementos que hacen de la experiencia Sol Invictus algo majestuoso, es la sencillez de sus composiciones, lo mínimo con lo que Tony Wakeford es capaz de construir un futuro diferente alejado del fantasma de acero, hormigón y cristal de la megaurbe. Una base asentada en la personal y poderosa voz de Wakeford ayudado por una deliciosa guitarra sobre la que se van presentando diferentes complementos en forma de arreglos de cuerda, instrumentos de viento y una certera y categórica percusión que no hace si no fortalecer el carácter tribal, misterioso y revelador de la música de Sol Invictus. Un mensaje puro y crudo el que podemos percibir en este álbum, desde la pieza que da nombre al disco hasta la emocionante y ya convertida en himno, Kneel To The Cross, que desde luego generará reflexión y debate pero sobre todo servirá como esperanza, esperanza para un futuro diferente.

Adentrarse en los sonidos auténticos del neo folk exige el esfuerzo de abrir los ojos y descubrir una realidad nueva. Desperezarse y agitarse para desprenderse de ese letargo consecuencia de esa espiral decadente en la que está sumergida nuestra sociedad occidental para descubrir un sonido sencillo, puro y real que siempre nos ha acompañado aunque nosotros no éramos capaces de sentirlo. El magnético y espiritual poder del neofolk, supongo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: