John McLaughlin, Paco de Lucia, Al Di Meola – Friday Night in San Francisco (1981)

por Álvaro Mortem

John McLaughlin, Paco DeLucia, Al DiMeola - Friday Night in San Francisco (1981)Hay mundo más allá del presente inmediato, sus influencias, el archivo. Eso no excluye para que, con demasiada regularidad, nos encerremos en la novedad y en sus influencias como la única posibilidad de futuro, como si la moda creara futuro en vez de visibilizar todo aquello que antes ya había hecho alguien; si confiamos en un presente perpetuo, nunca alcanzaremos el pasado por conocer. Eso no significa que debamos renunciar a cualquier lectura del presente, mucho menos que todo pasado siempre fue mejor, sino que deberíamos admitir la necesidad de no sólo acordarnos del pasado cuando así las dicten las efemérides. A pesar de estar aquí por efemérides.

Nunca la guitarra ha sido tan valorada, pero por su valoración denostada, como en nuestros días. El común de los mortales escucha los grupos como si fueran voz y guitarra, como si el resto viviera de prestado, pero sin la más mínima inquietud al respecto del valor intrínseco de la misma; se ignoran las grandes virtudes de la guitarra, o se le achacan en músicos que no han sabido más que utilizarlas como instrumentos de masturbación. Analfabetismo musical rampante, en cualquier caso. El encuentro de tres virtuosos de la guitarra en directo con Friday Night in San Francisco, John McLaughlin y Al DiMeola a la eléctrica, Paco de Lucia a la flamenca, puede servirnos como cura para tan insidiosa enfermedad: lejos de enfermizos pajerismos de virtuosos que tocan la guitarra para sí mismos, con una evidente base jazz bien templada hacia tintes flamenco, consiguen hacer un juego de guitarras donde unas escalan sobre las otras para dejarnos penetrar en sus melodías complejas, complejas e infinitamente bellas, tan complejas como suenan salvo para quien escucha.

¿Puede resultar duro para el neófito entrar al mundo de estos tres guitarristas por este directo? En absoluto. En absoluto porque se encargan de tamizar cada pieza, hacerla accesible y permeable, no volviéndose oscuros en intenciones por el mero placer de entender, por un conocimiento adquirido en una práctica extrema, algo cuya comprensión resulta dependiente de su dificultad. Hay pasajes de gran calado técnico, evidente —que no necesariamente disfrutable; aunque Short Tales Of the Black Forest es fabuloso, puede resultar arisco para quien conoce de guitarras populares y nada más— para cualquiera, pero también con elecciones melódicas que abordan más el campo de un esteticismo más sencillo, que no más simple. Su comienzo con Mediterranean Sundance/Rio Ancho es un acierto por ello: resulta amable para el neófito, pero para quien tenga el oído entrenado habrá decenas de detalles que apreciar en su particular genialidad. Tan sencillo, que parece simple cuando irreplicable.

He ahí su virtud: que no requiere explicaciones. Sólo deben hacerse el favor de poner el disco, aguzar el oído, y dejarse llevar; sino salen del viaje satisfechos, al menos habrán descubierto no ser capaces de amar las más delicadas formas de la música contemporánea.

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