TRUST – Joyland (2014)

por Xabier Cortés

TRUST-JoylandSiempre, o casi siempre, se ha defendido que el segundo larga duración de cualquier banda resulta en demasiadas ocasiones poco más que una burda colección de descartes del primer disco con algún añadido insustancial más que sigue los mismos derroteros marcados por el hit de ese primer chispazo. Un simple refrito que se aprovecha del calor que proyectaba el ansiado efecto sorpresa, el halo de novedad que rodea a muchos primeros trabajos, con la absurda idea de repetir los éxitos que les brindara ese primer lanzamiento. Sin entrar en valoraciones más profundas, lo que sí podemos concluir es que al caer en esta trampa, los otrora artistas acaban convirtiéndose en simples manufacturadores de productos «musicales» dejando de lado en pos de vaya-usted-a-saber-qué todo rastro de Arte que alguna vez hubieran albergado. TRUST demuestra que esa máxima que se repite, por desgracia, en demasiadas ocasiones no va con ellos y han sabido no sólo sintetizar todas esas amplias influencias de las que bebía su debut sino que, como buen artista —y como todo buen artista debería hacer— ha querido seguir explorando sonidos, desarrollos y ámbitos diferentes en Joyland, su nueva y esperada obra.

En este segundo lanzamiento tras aquel maravilloso debut, TRUST moniker ahora sí —y más que nunca tras la marcha del que era el otro cincuenta por ciento de este proyecto canadiense, Maya Postepski, centrada totalmente en Austra— de Robert Alfons no se limita a aprovechar la inercia y el rastro dejado por su exitoso primer lanzamiento para limitarse a parir una obra igual. No se encierra, como sucedía en su debut, a moverse por las siempre seguras aguas del darkwave y el synth pop de corte oscuro, en esta ocasión y aprovechando su «nueva» libertad, Alfons explora estructuras cercanas al techno, desbarros ácidos y bailables, desvaríos darkies con un innegable gusto por el neón ochentero pero siempre custodiados por ese magnetismo vanguardista de TRUST para convertir, finalmente, este Joyland en una excelente colección de electrónica avanzada. Se aprovecha también de su inmenso registro vocal que es capaz de jugar con los falsetes con la misma maestría que se defiende en los tonos más graves y subterráneos para conseguir alcanzar atmósferas diametralmente opuestas en su superficie pero inseparables en su concepción. Es capaz de jugar con tonos y sonidos eminentemente dramáticos y oscuros para pasar a continuación —y con una fluidez obscena— a retratarse con un majestuoso himno luminoso sintetizando así todo aquello que hizo grande a su debut homónimo y llevándolo a un nuevo estadio desde el que afrontar nuevos retos y horizontes.

Un disco que se presenta con una etérea introducción que nos invita a pensar —y nos engaña, por qué no admitirlo— que la locura de Alfons definitivamente ha explotado y se ha dejado abrazar por los seductores brazos del esa electrónica etérea. Pero no, a partir de aquí se empieza a desarrollar una completa muestra de sonidos sintéticos, voces y ritmos aplastantes que son capaces de hacer sombra incluso a su debut homónimo resolviéndose como un trabajo más complejo, más completo y, en definitiva, más interesante que su ya de por sí excelente primer acercamiento bajo el nombre de TRUST. Síntoma, sin lugar a dudas, del inmejorable estado de este proyecto: en pleno ascenso sin, todavía, conocer sus límites.

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