The Horrors – Strange House (2007)

por Álvaro Mortem

The Horrors - Strange House (2007)Nada fluye menos que el terror. Fluye menos no porque sea por definición algo estancado, que permanece siempre constante, sino porque aquello que aterraba a nuestros antepasados nos aterra a nosotros; la muerte, la oscuridad y otros tantos elementos que se componen como referencias más o menos conscientes, más o menos explícitas, hacia nuestra mortandad, es la fuente exclusiva de angustia de todo hombre. Camuflada con mejor o peor gusto, variando según las circunstancias tiempo-espaciales y personales, pero siempre la muerte. Muerte que se manifiesta de tan variadas formas que resulta imposible afirmar sin boca pequeña que en realidad el terror fluye por el tiempo constante: todo miedo tiene el mismo origen, pero ningún miedo es igual a otro.

Que el corazón del terror es la muerte es como decir que el corazón de The Horrors es el post-punk: para algunos resultará evidente, para otros una simplificación extrema. Tampoco se puede negar que podría ponerse post-punk a punto 52 en negrita como todo texto y la crítica no perdería en valor informativo. The Horror son post-punk. Mientras todos los grupos del revival se arrogaban a hacer sus imitaciones, por lo general poco inspiradas, del material que dejaron atrás Joy Division, ellos se arrogaron en la necesidad de llevar más allá el género; en su corazón son post-punk, pero cualquier comparación con otros grupos de su género pecaría de absurda. Absurda porque no habría puntos en común más allá del saberse unidos en el mismo género, ciertos paralelismos, que los de Southend-on-Sea —cuyo marítimo nombre no deja de resultar recursiva con respecto de la crítica en sí: el fluir de nombres, de géneros, de ciudades— explotan hasta sus últimas consecuencias llevándolos más allá de cualquier paralelismo inmediato.

Intentar hablar de sus referentes evidentes resulta imposible, imposible sino es desde la tradición. Los bajos pesados, las fugas de guitarra, la voz rabiosa algo afectada —lo único incontrovertidamente Ian Curtis, aunque incluso eso lo adoptan a sus coordenadas—, los recitados prosísticos, el terror de atracción de feria: todo ello son parte inherente de su estilo, por lo demás fluctuante entre discos, que define una personalidad apegada a la tradición sólo en la medida que la rehuye. Son post-punk porque no lo parecen. No necesitan hacer lo mismo que ya hicieron otros antes, pueden beber de aquí y de allá sin dejar de pertenecer a ese ramal particular que sostienen. Tienen personalidad; no se dejan llevar por la ansiedad de la influencia, la consciencia de ser incapaz de superar ni de alejarse jamás de aquellos pasos emprendidos por aquellos que les influenciaron. Por eso firman una obra maestra, porque superan la crisis existencial, el terror mortal, más propio del artista de nuestro tiempo: la paralizante verdad, porque no permite el flujo del talento propio, de la ansiedad de la influencia.

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