Kauan – Pirut (2013)

por Xabier Cortés

kauan-pirut-digi-cdNunca se debería descuidar uno de los aspectos esenciales dentro de la música: el componente emotivo. Dejando de lado ramificaciones que no sólo se centran en este aspecto y que encima  son capaces de afectar a un nivel físico —véase el noise, por ejemplo— son las emociones las que sostienen cualquier manifestación musical porque ¿acaso hay algo más puro que las emociones? El proyecto ruso al que hoy dedicamos un espacio en esta santa casa, Kauan, consigue aferrarse al tradicional y profundo sentimiento melancólico que ha sido timón de los sonidos doom durante años para, a través de quirúrgicos injertos aquí y allá, convertirlo en un camino cristalino sobre el que depositar nuestras esperanzas y nuestros anhelos. Así es este Pirut.

Uno de los grandes talentos que definen a Kauan —y a este Pirut en concreto— es la capacidad de convertir esa melancolía que descansa a lo largo de los ocho movimientos que componen el álbum en un camino y un paisaje que se desarrolla ante nosotros con una facilidad y una sencillez espléndida. Son las partes etéreas, más sosegadas, las que fortalecen este inquebrantable halo cinemático y que, curiosamente, resultan ser también los giros más variados y brillantes del disco quedando los desvaríos metálicos en un cómodo segundo plano ante la majestuosidad ambiental que desarrollan Kauan. Son estas partes las que consiguen aclararnos de alguna forma la interesantísima disyuntiva que nos presenta el álbum: es capaz de sintetizar en un mismo recipiente una sensibilidad clara y cristalina junto con la frialdad propia de una oscuridad densa e impenetrable. Llegados a este punto sólo cabe preguntarnos: ¿es original esta propuesta? En realidad no, pero maticemos. Es inevitable pensar en las composiciones más ambientales de proyectos como Moonsorrow al escuchar los desarrollos de guitarra, nos resultarán familiares ciertos guiños empleados por Kauan en su faceta metálica —que no quiere decir esto que se acerquen siquiera al viking metal de los finlandeses, la propuesta de Kauan es diferente pero paralela—. Tampoco nos resultarán extrañas las partes más etéreas y el hecho de utilizar el finés para expresarse les acercan a la propuesta de folk avant-garde de Tenhi, consiguiendo acotar también ese gélido espíritu de soledad. El verdadero hito de este Pirut, el triunfo y el aspecto en el que sale victorioso es el saberse capaz de aunar estas dos facetas tan alejadas en su medio, no así en su concepto. Kauan consigue fusionar estos dos elementos para alcanzar su objetivo que no es otro que en presentar esa profunda oscuridad de la melancolía y descubrir que incluso ahí se esconde también una luminosidad desconcertante y positiva.

Kauan recupera en este Pirut esa olvidada belleza trágica y melancólica que caracterizaba al universo doom/death de finales los noventa y que parece haber sido condenada al ostracismo. Desde luego no sólo se limita a realizar un ejercicio de nostalgia, utiliza sus más que notables capacidades para reforzar ese sonido poderoso y su carácter atmosférico añadiéndole pinceladas postrock, sencillos giros folk y guiños etéreos de base clásica para llegar a construir una intensa gama sonora que nos hará fluir por los parajes helados de la oscuridad y la melancolía sin dejar de ver en el horizonte la esperanza que se mantiene en un delicado equilibrio entre las dos facetas bien diferenciadas de este álbum.

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