Jozef Van Wissem and Jim Jarmusch – The Mystery of Heaven (2012)

por Álvaro Mortem

The Mystery of HeavenToda arte comunica con los demás del mismo modo que nada está muerto sino descansando hasta encontrar la sensibilidad futura que haga resonar sus entrañas como el futuro del presente por venir. No existe tal cosa como la muerte. Sólo muere aquello que no tiene razón o sentido, significado o valor, que puede olvidarse o hacerse desaparecer de la memoria por el deseo o el capricho del tiempo circulando hacia la nada; no hay mística sin verdad, no hay verdad que no sea inmortal. Pero sabrás que la verdad hace mucho tiempo que dejó de estar a ojos de la actividad pública. Actividad pública que siempre olvida que sólo habría de girarse para dejar de ser anulada por los prejuicios que la descastan hacia la oscuridad ciega de su soberbia.

Jozef Van Wissem, laudista y compositor (de música); Jim Jarmusch, guitarrista y director (de cine). Juntos, Jozef Van Wissem and Jim Jarmusch, otra cosa porque de su cruces de caminos surge algo que trasciende aquello que son por separado para confluir en una mismidad carga de significación sólo por aquello que tiene de encuentro. Son aquello que no son por separado. Su estética rescata las formas más exquisitas del presente, desde Boris hasta Earth, minimalismo maximalista innombrado, para hacerlo concluir en la antigua mística renacentista de herencia arábiga, la música de laúd, antecesoras armonías pasadas. Destellos alquímicos. El presente resulta espejo del pasado, camino del futuro, en su presencia conmutativa dada al encuentro de dos fuerzas extrañas que se dotan en circularidad de significado; entidades vaporosas, seres innombrados, sólo ante el abrazo fértil del encuentro recuerdan ser uno y lo mismo. Uno y lo mismo que hace trinidad con el oyente, ilustrado o no, amante del renacimiento o de los tiempos, capaz de sumergirse en sus impertinentes fugas hacia la eternidad.

Pacífica fiera encerrada por clima cambiante en el ojo del huracán destornada: sólo se te reconoce por las rayas. Cada movimiento de The Mystery of Heaven es un misterio encerrado en un enigma lanzado en la sima de un maelstrom; rareza maravillosa, incognoscible, no por ello exenta de familiaridad: la conocemos, bien sea por las rayas. Quizás el drone doom escondido bajo tus pretensiones celestiales sea aquello que nos ata la tierra. Tierra besada en las mañanas. Aunque toda imposibilidad lógica es su terreno, haciendo del pasado el tiempo de nuestros días —romanticismo futuro, Hölderlin arrancado—, no escamotea el sentido allá donde los géneros desterritorializa. Es el tiempo de nuestra extrañeza. Fundamos por eso bajo tu alma la necesidad de olvidar las convenciones dictadas por los hombres, porque aún no ha nacido ángel que sepa definir bajo trazo aquello que llamamos verdades. Ve libre: tu amor aguarda aquí, hijo de la noche.

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