Mayhem – Deathcrush (1987)

por Xabier Cortés

Deathcrush-MayhemA la hora de tratar con las leyendas de tal o cual género —sea lo que sea que esto signifique— podemos alcanzar un punto peligroso y delicado: podemos dejarnos llevar por su halo mágico y reducir toda la obra del artista a un sólo chispazo, a solamente un disco, obviando directamente la existencia del resto de álbumes. Este arriesgado ejercicio trae consigo dos errores básicos: seremos incapaces de comprender en conjunto la evolución y/o raíces en las que se asienta el proyecto en cuestión —porque, no nos engañemos, rara vez ese hit suele ser el primer lanzamiento— y segundo, la obsesión con ese único trabajo al que prestamos toda nuestra atención no hará sino restar profundidad quedando su mensaje original desdibujado y borroso por ese halo de (moderado) éxito. Una lástima. Algo así es lo que ocurre al tratar con el EP Deathcrush de los archiconocidos e hiperpolémicos —para bien y para mal— Mayhem. Un trabajo que resulta imprescindible para entender no sólo la banda y su sonido, sino también al propio black metal y que vive a la sombra de la Gran Obra blackmetalera: De Mysteriis Dom Sathanas.

Es imposible entender De Mysteriis Dom Sathanas sin haber comprendido antes Deathcrush ya que este EP representa el germen de la segunda ola del black metal —la primera desde escandinavia—. Un movimiento que recogía la parafernalia de Venom, Celtic Frost y Hellhammer para unirla con un desaforado y ardiente teenage angst, un rechazo sistemático a La Vida y un particular interés en mostrarse ante el mundo como El Mal absoluto —cosa que conseguirían, por lo menos ante la sociedad noruega—. El black metal nace podrido porque no existe la redención, tiene que ser desagradable porque necesita torpedear la burbuja del bienestar, tiene que ser autodestructivo porque ése es precisamente su fin. El Fin. El black metal en esos primeros coletazos representaba el final del camino, no había nada más allá de él. Tampoco era necesario. El corpse paint que adornaba sus rostros durante los primeros años —y que luego evolucionaría en una caterva postadolescente de osos panda sin criterio ni talento— representaba la misma muerte, era a su vez una señal; no hay salida. La suciedad inherente a Deathcrush no es casualidad o un reflejo de la falta de medios a la hora de producir el disco. Deathcrush es sucio porque no es humano y así lo hacen ver Euronymous, Messiah, Maniac y compañía. Nombres blasfemos y grotescos con los que reforzar su carácter anti-humano, sonido crudo, sucio, provocador, voces desesperadas, no se engañen, Deathcrush es la quintaesencia del black metal, es un disparo a bocajarro en la cara tras haberte seccionado los antebrazos con un cuchillo de cocina.

Maligno y grotesco. Frío y crudo. El black metal en su estado más puro e incorrupto con todo lo bueno y lo malo que esto representa se manifiesta en este EP de los noruegos. Polémicas, asesinatos, quema de iglesias, acusaciones cruzadas, demostraciones de fuerza, chiquilladas, líos de faldas. Todo esto vendría después y, desgraciadamente, desvirtuaría y convertiría en un constante desfile de cotilleos extramusicales innecesarios amén de perder consistencia y coherencia durante años hasta que aparecieran en escena ciertos grupos franceses y estadounidenses que redefinieron a su manera los cimientos del black metal para adecuarlos al siglo XXI.

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