Laibach – Spectre (2014)

por Álvaro Mortem

Laibach - Spectre (2014)Un espectro recorre Europa, el espectro de Karl Marx. No del socialismo, no del comunismo: es otra cosa. Lo que vehicula y atraviesa nuestro continente hoy no es tanto idea o ideología como espíritu; nos atraviesa el carácter revolucionario del alemán, no sus ideas tal cual fueron formuladas. Por el o por otro. Nos atraviesa su necesidad de cambio, de tomar las riendas de nuestra existencia, no permitiendo que nuestra vida no sea más que sangre para engrasar las maquinarias de los otros. De los propietarios. Sólo así es posible entender por qué hay un combate ahí afuera, un espíritu recorriendo Europa.

Hablar de política hablando de Laibach es natural: su ideario artístico está atravesado de ideas políticas que, aunque hasta el momento quizás dadas con ambigüedad —o no ambigüedad, sino con la ironía como arma para desterritorializar discursos—, nunca han sido ajenas a su proceder. Su activismo político resulta preclaro. Preclaro por aquello que tiene de disolución de toda certeza ya que, al igual que ocurre con su música, cualquier análisis sobre su tendencia política excluye la capacidad de poder encajarlos en ideología alguna. Si bien podríamos situar sus intereses en la izquierda, ningún discurso de izquierdas querría mantenerlos cerca suyo. Los dinamitaría desde dentro. Sólo desde esa perspectiva podemos entender que hagan pop, en su sentido más estricto: música agradable con germen popular, y no cualquier otra categoría espuria como modo de encajarlos dentro de ciertos discursos pre-establecidos. ¿Industrial? Sólo en intenciones, ¿experimental? Eso no es una categoría, ¿oscuros? Deja de usar adjetivos.

Han prometido Spectre como su disco más político, lo cual ha resultado como sinónimo de su disco más accesible. Contradicción por presunción. Siguen aquí las metáforas, la ironía, los dobles sentidos y los sonidos próximos a la electrónica, pero en ningún momento se descontrolan para formularse en un ataque masivo inasequible para otros; es denso, oscuro, pero también accesible: no es un ataque terrorista con armas nucleares, es guerra bacteriológica. Es pequeño, sutil. The Whistleblowers, además de single y abrir el disco, podría ser número uno de las listas de ventas de cualquier país occidental al mínimo respeto que hubiera en los medios actuales por la música. Por la cultura en general. No tanto por calidad, que le sobra, como por accesibilidad: es brillante en su sencillez. Marcial, himno de héroe imposible —Chelsea Manning y Edward Snowden, dos luces en la noche—, utópico y optimista. En resumen, todo lo que debería ser el artista comprometido: político, sin soflamas; responsable, con arte.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: