Russian Circles – Memorial (2013)

por Xabier Cortés

Russian CirclesEl equilibrio como instrumento para alcanzar ese objetivo marcado a fuego en la retina de todo artista que quiera ser digno de semejante título: la belleza. Una búsqueda incansable, la de la belleza, y desagradecida; un camino tortuoso y torturado el que debe recorrer el artista mientras es empujado por fuerzas que él no conoce y a duras penas puede llegar a controlar mientras su mente y si cuerpo le fuerzan a tomar caminos diferentes. El equilibrio. El equilibrio puede darse como algo sutil, camuflado en algún enrevesado gesto dentro de una canción —podemos encontrar una fuerza disidente dentro de la totalidad del sonido, una fuerza que termina de afinar el sonido en su conjunto, lo dota de sentido y lo completa— o también podemos encontrar esta simetría, imprescindible por otra parte, de una forma directa e incisiva: encontrarnos cara a cara con, por ejemplo, unas enérgicas y desaforadas guitarras enfrentadas a unas sutiles y delicadas atmósferas. Equilibrio. Este es el camino que han elegido Russian Circles y así lo vuelven a demostrar en su último, hasta la fecha, trabajo: Memorial.

Este combo de Chicago siempre se ha caracterizado por su exquisita forma de jugar con ese equilibrio: un juego que se nos presenta aquí con la siempre interesante forma-binomio metal y rock pero en sus vertientes más avanzadas. Así pues encontramos detalles propios de la tradición sludge con unos inquebrantables y poderosos riffs —como sucede en Deficit, por ejemplo y que de alguna manera nos introduce el disco tras el aperitivo en forma de pieza corta Memoriam que abre el disco— que inevitablemente harán que nombres como Pelican, Cult Of Luna, Isis y compañía retumben en nuestra mente. Por supuesto, Russian Circles no se limita a repetir viejas fórmulas de contrastada eficiencia, necesitan de ese esquivo equilibrio para alcanzar su objetivo y en este caso la fuerza que se enfrenta al poderío metálico no es otro que unos delicados y cuidados desarrollos cercanos al postrock —por el cariz atmosférico que le otorgan al magnífico despliegue metálico— pero siempre manteniendo una marcada línea entre ambos universos sonoros. Con el tratamiento exquisito que Russian Circles hace de esta estabilidad que han sabido encontrar —y de qué manera— ya sería suficiente para aupar a este nuevo trabajo a los puestos más altos de cualquier Olimpo musical que se precie pero qué sería de  la trayectoria de un grupo sin su imprescindible dosis de evolución. Este Memorial se nos presenta como una obra mucho más sombría y tenebrosa que su anterior y excelente Empros quizás por una distancia mayor entre las dos fuerzas que tiran constantemente de él en direcciones opuestas o quizás como reflejo de un futuro incierto en el que la realidad no será más que un borroso recuerdo anclado en nuestra memoria como defienden en una intensa colaboración con Chelsea Wolfe en la canción que despide el álbum, Memorial.

Memorial condensa toda la excelencia musical de Russian Circles, la retuerce, juega, estira, machaca y vuelve a retorcer para llevar el sonido de este trío de Chicago hacia nuevos horizontes aún por explorar y explotar. Un sonido denso, sombrío y áspero pero a la vez delicado, etéreo y complejo. Un sonido equilibrado que abre las puertas de la belleza, o por lo menos nos muestra el camino a seguir.

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