Wang-Wen – IV (2008)

por Álvaro Mortem

Wang-Wen - IV (2008)Nada como ser chino si se quiere se ignorado por el mundo. Aunque se nos insista día sí día también sobre la próxima super-potencia, como hace treinta años se nos decía de Japón, la realidad es bien otra: cualquier ámbito cultural de la China continental es ignorado de forma miserable, salvo quizás en el ámbito del cine —que ha convertido, por sí mismo, la exhibición en arte—. Grupos que si procedieran de Occidente serían un boom global, al menos entre ciertos círculos especializados, son ignorados de forma sistemática en la prensa cuando proceden del exterior. No es una novedad, pero sigue siendo denunciable. China, como el resto del mundo no-occidental, es el ciudadano de segunda de la cultura colonial.

Wang Wen (惘闻, para quienes conozcan chino) son un grupo de Dalian, iudad portuaria de la costa China, que durante la última década ha ido generando su particular microclima de underground. ¿Por qué interesarnos por ellos? Porque sus referentes nos resultan más conocidos que su ciudad: con comienzos como trasunto de Smashing Pumpkins chinos, evolucionaron sin dificultad hacia un post-rock influenciado por Mogwai, Mono y Godspeed You! Black Emperor; conclusión: suenan como una monzón estallando sobre sí mismo mientras asistimos al espectáculo encerrados en medio de un túnel de carretera próximo a la costa continental. Quizás por eso no resulte extraño que en sus momentos más depurados, con 污水塘 (de forma aproximada, Estanque de aguas residuales), aúnen la desaforada fuerza de sus referentes más violentos con cierta calma que podríamos definir como oriental, sino fuera porque sería caer en uno de los estereotipos más baratos del orientalismo. IV es una rareza huracanada, guitarras volando entre remolinos de vocales y baterías en un todo imposible de contrastes: sólo hay calma para que pueda haber tormenta, sólo hay tormenta para que pueda haber calma.

¿Están entonces al nivel de sus referentes? No si entendemos que son capaces de superarle en su terreno, sí si entendemos que son capaces de salirse de sus referentes para darles nuevo significado. Quien espere la enésima iteración post-rock capaz de dormir a las ovejas se llevará la decepción propia de aquel que busca más de lo mismo allá donde hay novedad: pulen y re-significan los elementos propios del género, apropiándoselos, y llevándolos más allá de la lógica básica que se ha establecido como última ola del mismo. No es una ruptura radical, en cualquier caso. Añaden aquí y allí matices, llevan el género a su terreno, pero en ningún momento dan un sonoro golpe sobre la mesa para imponer su voluntad: cambian todo para que nada cambie. Ese es su problema. Son demasiado vanguardistas para la vieja corte y demasiado tradicionales para los adeptos de la novedad; en cualquier caso, y ya que por chinos es difícil que deslicen por los medios oficiales, no darles una oportunidad sería tan injusto como ignorar que, si no fuera por los cambios, ningún género permanecería ya nunca vivo. Porque nada vive eternamente, salvo aquello que se perpetúa.

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