Behemoth – The Satanist (2013)

por Xabier Cortés

BehemothDentro del metal extremo existe una enfermiza y extraordinaria obsesión por todo lo oculto, misterioso, impío y anticlerical. Lamentablemente esta fijación por los senderos innombrables y oscuros atiende en un elevadísimo hasta la nausea porcentaje de casos a una sencilla pataleta, un teenage angst mal gestionado, un ejercicio de malote de patio de colegio —hola, Glenn Benton— que pocas veces despertará en nosotros algo que no sea un indiferente levantamiento de ceja. Ahora bien, afortunadamente para nosotros existe entre todo el enjambre de bandas metálicas extremas un cierto número de ellas —desde luego no tantas como nos gustaría— cuyo tratamiento y discurso de lo oculto-lo prohibido resulta profundo, denso y construido sobre una base sólida. Que Behemoth es uno de los más elevados baluartes de esta imprescindible corriente no debería ser un secreto para nadie como tampoco debería sorprender la forma en la que celebra su vuelta tras el obligado parón consecuencia de la leucemia de Nergal: The Satanist.

El comienzo de este The Satanist sorprende, sorprende por ser un inicio pausado y sosegado —pero siempre manteniendo esa insalubre atmósfera alquitranada entre lo apocalíptico y lo maligno—, sorprende por no comenzar de una forma acelerada, forma ésta que hubiera sido perfectamente comprensible y achacable a la ansiedad con la que el grupo necesitaba recuperar la normalidad tras todos los acontecimientos que a punto estuvieron de torpedear los cimientos de la banda. Pero no, The Satanist necesita el sosiego y la calma para ser capaz de desarrollar todo su potencial: la marcialidad con la que nos recibe Blow Your Trumpets Gabriel hubiera quedado eclipsada dentro de un frenesí de velocidad y violencia cosa que no sucede, afortunadamente. No se engañen, en este álbum seguiremos encontrando esos desarrollos antiaéreos repletos de blastbeats desenfrenados y riffs ejecutados con velocidad endiablada y precisión quirúrgica por supuesto, pero toda esa vorágine se ve rodeada más que nunca por una agónica y desesperanzadora atmósfera en la que será imposible no sumergirse. El hecho de que Behemoth sea capaz de conjugar en un mismo discurso conceptos propios del death metal y el black metal unido a su relativa popularidad dentro del espectro metálico más amplio, no sólo en lo extremo, los convierte en un objetivo para las iras de aquellos «defensores» de lo trve, Behemoth está muy por encima de todos esos debates vacíos: la estructura sobre la que se sostiene la sólida idiosincrasia de estos polacos ni siquiera se inmuta cuando recibe torpes ataques denunciando su falta de compromiso o autenticidad.

The Satanist es capaz de reunir en sus cuarenta y cinco minutos todos esos desarrollos que han convertido a Behemoth en lo que es: una de los proyectos más profundos dentro de la jungla metalera mundial. Pero no se han limitado a repetir viejos clichés de demostrada eficacia. No, han continuado explorando la senda que ya comenzaran a vislumbrar en trabajos anteriores — desde el Demigod hasta el Evangelion— enriqueciendo todavía más un sonido que cuenta ya con la eficaz marca de Nergal y sus huestes. Από παντός κακοδαίμονος!

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