Squarepusher x Z-Machines – Music For Robots (2014)

por Xabier Cortés

Vinyl sizeQue estamos avanzando en este siglo XXI estrenado hace ya unos años y no nos encontramos con aquellos inventos futuristas que se nos prometieron en nuestra juventud es una dolorosa verdad que no para de percutir en nuestro cerebro. El cine jugó al engaño y alimentó nuestra infante imaginación con sueños de patinetes voladores, ciudades en la Luna, energía limpia e infinita y demás hitos cuando la realidad se ha descubierto bien distinta y deprimente. Aún así, poco a poco nos vamos encontrando con pequeñas pistas, juegos y proyectos que nos invitan a pensar que, efectivamente, ese futuro prometido por el bombardeo sci-fi tenía sentido: los niños que admiraban hipnotizados esos cachivaches llenos de luces, esos robots humanoides y demás parafernalia sci-fi son los que ahora, ya crecidos, son capaces de dar forma a esas desbarros ideados por los guionistas y escritores de hace décadas. Así lo han imaginado un grupo de ingenieros japoneses —siempre un paso por delante en lides robóticas— que en colaboración con el compositor Kenjiro Matsuo crearon una serie de artefactos robóticos —bautizados como Z-Machines— capaces de interpretar música, no estamos hablando de una sencilla caja de ritmos y unos sintes. No, lo que crearon fueron unos engendros mecánicos con setenta y ocho dedos —en el caso del guitarrista— y veintidós brazos tras las platos, caja y bombos de la batería. Una vez creados sólo falta ponerlos a prueba y qué mejor forma que hacerlo con las composiciones de unos de los pilares del sello Warp Records, Squarepusher. El resultado: música para robots.

Primero utilizamos las máquinas como simples complementos para la grabación, después se adaptaron a la estructura dentro del núcleo de la banda, más tarde se les otorgó el don del alma gracias a aquellos locos pioneros y después adquirieron un lenguaje propio tocados por la mano de Aphex Twin, Autechre y compañía. Faltaba algo, ¿son capaces las máquinas de interpretar composiciones humanas sobre instrumentos pensados y diseñados por y para humanos? La respuesta está en los algo menos de treinta minutos que dura este EP. Sí, pueden. A su favor, los movimientos de sus miembros no se ven limitados por innecesarios tendones y músculos biológicos por lo que consiguen velocidades que el ser humano sólo es capaz de soñar. Una velocidad que consigue adecuarse a la forma avant jazz y electro acústica que adoptan las composiciones de este EP. Desarrollos que atrapan e hipnotizan, belleza contenida en unos y ceros corriendo a la velocidad de la luz por estrechos tubos de cristal mientras una colección infinita de diodos se encienden y apagan con la misma cadencia. Delicados movimientos que se ven completados por frenéticos desarrollos ejecutadas con precisión insultante, cómo no, y que resultan obsesivamente cálidas como ocurre en Sad Robot Gets Funny, por ejemplo.

Hombre y máquinas(s) unidos para dar respuesta a la eterna pregunta del Arte, encontrando esa Belleza apoyándose lo biológico en lo mecánico, la mente y los chips fusionados casi de forma ballardiana en un álbum que será imposible no apreciar como el comienzo de algo diferente. Un paso más en la evolución hombre-máquina que nos sitúa cada vez más cerca de esa pregunta que algún día conocerá respuesta: ¿serán capaces las máquinas de componer al nivel humano?

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