X Japan – Blue Blood (1989)

por Álvaro Mortem

X Japan - Blue Blood (1989)Nada más aburrido que la ortodoxia. Como los lugares comunes, que por comunes están vacíos de significado, resultan fáciles de articular sin pensar por aquello que tienen de evidentes y fáciles de formular, ya que es el método más rápido para llegar a una conclusión sin por ello plantear algo; el problema, evidente: lo último que debería permitirse el arte es ser predecible en cada instante. Si uno se abandona a lo trillado, al automatismo de quien ha recorrido cientos de veces un trayecto y ya no necesita observarlo, debe pagar el precio de sólo poder interesar a los advenedizos: todos aquellos que conocen el trayecto no necesitan fijarse ni interesarse, ya que conocen cada momento del lugar. Esos platillos, ese solo, esos gritos. Transitar el camino conocido haciendo ver cambios en el mundo circundante, es el motivo del artista con interés propio.

Si existe algún grupo con sangre azul en el rock nipón, esos son X Japan. Aunque alejados de la ortodoxia más inmediata del género, lo que nos demostraron con Blue Blood es cómo el visual-kei podía articularse como algo más allá del glam rock llevado al extremo —extremo, por pura exuberancia, japonés hasta lo absurdo—, al menos en la medida que beben de los clásicos del rock sólo en la misma medida que en el proceso crean su propio estilos. Encontrar trazas de Kiss y dejes de Motley Crue es tan sencillo como tener oídos, pero no por ello se quedan ahí. Podemos encontrar los lugares comunes de las baladas heavy o de la velocidad propia del punk, salvo porque todo asimilado en conjunto carece de la entidad que esperaríamos por separado; es un camino que nos muestra paisajes de otros caminos conocidos. Descoloca, pero también obliga a prestar atención.

Blue Blood es una contradicción, una extrañeza familiar. Fusiona los elementos del rock a través de un virtuosismo evidente, no entendido como tocar rápido o de forma innecesariamente aparatosa, perfectamente compenetrado en las exigencias particulares de la canción, y llevándolo hasta el límite más extraño del que son capaces: alcanzar la originalidad copiando los patrones propios del género. Es sorprendente porque aun cuando su sonido es occidental, rock en estado puro, al tiempo suenan muy japoneses. Esa alquimia fascinante e imposible, es lo que hace de X Japan un grupo de carrera fulgurante e inconcebible: se adaptan con soltura tanto a los gustos de uno y otro lado del charco. Sin introducir nada japonés en ello, salvo su sangre y sus letras, demostraron que el inglés no tiene el monopolio de la musicalidad rock; tienen sangre azul porque nos llevan por caminos familiares, pero nos los hacen ver con ojos nuevos. Maravillosos ojos rasgados.

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