Taiheiyou Belt – Umikko Now!(5) (2010)

por Álvaro Mortem

folderVolver a los orígenes no significa retornar hacia lo que se hizo durante los tímidos primeros pasos. Si consideramos el término «origen» como algo más amplio, con perspectiva más abierta, deberíamos ver mejor a qué nos referimos: orígenes como todo aquello que define la evolución específica del artista, no aquello que ya hizo. Donde el retorno al pasado arruina carreras, el retorno a los orígenes las eleva; allá donde el pasado es lo superado, aquello que no se puede alcanzar, los orígenes son la guía absoluta a lo cual volver de forma periódica para no perder el rumbo, para recordar aquello que somos y para lo que nacimos. Sin orígenes no hay ni barco ni patrón, y sin ellos no tiene sentido el marinero.

En su tercer asalto a las bases del visual-kei con Umikko Now!(5), Taiheiyou Belt se deciden por una experimentación con gusto de retorno: retoman de forma consciente elementos de su primer trabajo, fusionándolos con el estilo más reposado del cual hicieron gala en el segundo. Eso no significa que toda su novedad crezca, sin ir más allá, de la resignificación. Vuelven las conversaciones en japonés y los coros cirquenses, pero también el apropiarse de la tradición punk para pervertirla desde el orden chiptune —cosa que, lejos del sacrilegio, ya lo hizo Malcolm McLaren—, de nuevo declaradamente infantil, que va inundando de forma sistemática las composiciones; vuelven al tono vibrante y mágico de ①, añadiéndole un extra de azúcar y veneno para no salirse por la tangente: es punk lento; es infancia cartoon. Lo más sorprendente podría ser la elección de Kagaku to Gakushou como cierre musical del disco, una oscura balada que hereda los tics del visual-kei contemporáneo —bajo pesado, tintes oscuros, guitarras en fuga y estribillos líricos de orden pop— llevados al extremo para convertirlos en otra cosa, para convertirlos en la quintaesencia de Taiheiyou Belt.

Que la quintaesencia de un grupo de marineros feriantes punk sea una balada oscura de tintes clásicos, podría resultar un contrasentido de no ser porque es lógico. Durante todo el trabajo abordan de forma sistemática los dejes del visual-kei, entrando al asalto de sus orígenes: rastrear en ellos trazas de Guruguru Eigakan o cali≠gari más que posible es estrictamente necesario. Vuelven al tono oscuro, más ero-guro que angura, sin por ello abandonar lo festivo; ese claro escorar hacia la lentitud refuerza la posibilidad de oscuridad, de su ocultar algo siniestro tras fanfarrias y diversión, al no conceder espacio al desarrollo de lo sentimental en tanto deje instrumental: siempre hay una ligera disarmonía, una fuga, un momento de ruptura. No fuerzan la aproximación de ambos polos, opuestos de forma lógica, sino que los armonizan a través de un trabajo de orfebrería que ha durado años hasta conseguir alcanzar la fórmula alquímica donde puedan hacer convivir una pieza clásica de visual-kei moderno con sus encantadoras locuras habituales.

Eso es volver a los orígenes: no imitar aquello donde antes se tuvo éxito, sino partir del maremágnum que dio forma a nuestra presencia para volver reforzados del asalto.

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