Damon Albarn – Everyday Robots (2014)

por Álvaro Mortem

Damon Albarn - Everyday Robots (2014)Nunca es fácil volver al mundo. No es que sea difícil continuar una carrera después de haberla dejado parada un tiempo cara al público, ya que el hecho de no haber publicado en un tiempo no significa no haber estado trabajando, sino que es difícil confrontar las expectativas de un público siempre deseoso de novedades, de actualidad, lo suficientemente vistosas como para ser digeridas por lo contrario, por familiares; al artista siempre se le exige innovar cuando se quiere que permanezca siempre igual y se necesita que todo cambie. Al menos, en cierto grado. He ahí que toda obra nace de la contradicción de la fricción entre artista y público, ya que no hay peor enemigo para la obra que dejarse influir en exceso por lo que el presente pretende mostrar que es ahora el arte.

A Damon Albarn le pesa la fama. Después de Blur y Gorillaz y que sean noticia incluso sus deposiciones o sus deseos, cualquier intento de salirse de la imagenn mediática creada a su medida se torna un sinsentido; por otra parte, es lógico: tiene un bagaje por el cual debe responder, resultando cuestionable la posibilidad de romper con todo para empezar de cero, incluso siendo bajo su propio nombre. Cosa que no hace. Es posible rastrear el estilo Albarn en Everyday Robots, desde sus obsesiones —los robots, la esterilidad ecológico/sentimental del presente, el amor— hasta su estilo musical, salvo porque han sido reducidos hasta sus rasgos mínimos funcionales; han pulido al conjunto de todo artificio, dejando al cantante desnudo entre unas pocas lineas instrumentales por canción, buscando un efecto de regularidad basado en la sobriedad final del conjunto. Bonito, pero inane.

La esencia del britpop, el sonido lánguido y supuestamente revolucionario, permanece aquí como el sopor que siempre fue; no es malo, no es revolucionario, sólo es Damon Albarn al desnudo. El problema, es que a pocos les sienta mejor estar desnudos que vestidos cuando la ropa siempre les ha favorecido. Ante la desnudez y sus constantes kawaii —los carrillones, los ukeleles, los pianos; los temas tratados sin hacer sangre, con muchas repeticiones y buscando el lado amable del asunto—, funciona sólo en las primeras escuchas: menos significa menos, porque acaba presentándose todo como puro artificio. Carece de sentimiento. Habla del amor y de robots mono con la misma fatuidad con la que podría hablar de como duerme su gato o come su novia; está revestido de emoción naïf, tan naïf, que resulta vacío. Es Damon Albarn intentando competir contra el cuquismo ilustrado de la era Youtube, no trascendiéndolo ni parodiándolo, sino abrazándolo como una constante imperecedera para su discurso estético.

Tan bonito como inane, tan dulce como soso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: