Wovenhand – Refractory Obdurate (2014)

por Xabier Cortés

Wovenhand_ROEs inevitable, cuando no necesario e imprescindible, que un artista, en su constante viaje curioso hacia la Belleza, dibuje en él sus propias experiencias vitales: no hay mayor inspiración que la experiencia. No podemos negar e ignorar que muchas experiencias vitales encuentran en la religión un pilar en el que sostenerse y ocurre, a veces, que tanto música como religión se entremezclan. Es ahí cuando corremos el riesgo de encontrarnos con un extraño ente a medio camino entre la lobotomía y el sermón. Podríamos incluso considerar dentro de este extraño y heterogéneo grupúsculo a esos proyectos musicales manifiestamente anticristianos —en el caso de innumerables bandas de black metal, por ejemplo— al tratarse ese anticristianismo de (casi) una nueva religión en sí misma. Hagámonos ahora la pregunta: ¿hasta qué punto es viable reflejar esas inquietudes religiosas en un proyecto artístico? En esa búsqueda constante de la Belleza —objetivo último y final del Arte— los senderos por los que un artista puede encaminar sus pasos son infinitos y deben ser explorados, desde luego, cada uno de nosotros deberá después ser juez y verdugo y decidir si ese camino es válido y si somos capaces de encontrar algún punto en común con lo que el propio músico ha querido desarrollar ahí. El caso de Wovenhand bien podría ser uno de los ejemplos más claros de esta camino religioso y personal dentro de la música como prueba su último Refractory Obdurate.

David Eugene Edwards (16 Horsepower) lleva algo más de una década plasmando sus inquietudes religiosas en su proyecto Wovenhand editando una serie de trabajos con un característico espíritu country pero siempre abierto a asumir ciertos riesgos y enriquecer su sonido con influencias que van desde el punk y rock hasta el neo folk sin hacerle ascos a cualquier otra influencia que se estime necesaria para conseguir redondear una composición. En Refractory Obdurate, Edwards, sigue utilizando Wovenhand como espejo en el que reflejar sus inquietudes religiosas y sus desbarros apocalípticos —siempre desde su prisma cristiano, por supuesto— y esta vez eleva el sonido hacia nuevas influencias y nuevas fuentes. Encontramos así guiños al neofolk europeo —resulta curiosa esta predilección por el neofolk europeo, sabiendo del carácter pagano de muchos de los proyectos que se asocian con el género— en The Refractory, un intenso espíritu postpunk-nowave rodea al álbum como en Hiss, quizá envalentonado por el carácter apocalíptico del mismo, quizá por la devoción de Edwards hacia estos sonidos oscuros. Todo ese sonido sirven aquí de soporte para la melódica e intensa voz de Edwards, una voz pausada en la que cada palabra se pasea sin querer escapar de la mente del alma mater de Wovenhand.

Profundo tanto en la forma como en el fondo. Intenso y brumoso en sus desarrollos sonoros así como oscuro en su mensaje. ¿Es necesario adentrarse en su juego y mensaje cristiano para sacar todo el provecho al álbum? Desde luego que no, pero sí será necesario adentrarse en su esencia apocalíptica para ser capaces de disfrutar de todos los secretos —o, por lo menos, los más interesantes— de este Refractory Obdurate.

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