King Dude – Fear (2014)

por Xabier Cortés

King Dude_fearUna de las mayores virtudes —y que para algunos es, a su vez, uno de sus mayores estigmas— que encontramos en un género tan profundo y sensible como el dark folk es su sencillez. Sencillez  de un género que se sostiene en conceptos musicales mínimos e imperturbables, adheridos a su vez en una profundidad conceptual importante cimentada en un ataque frontal a la superficialidad de una sociedad occidental herida de muerte. Derrocar sus valores vacíos proclamando e invocando antiguas lecturas y viejos preceptos, ésa es la verdadera misión del dark folk. ¿Qué ocurre cuando la geografía interviene en esta ecuación? ¿Es posible defender estos preceptos desde la lejanía de un continente —con sus propios valores, tradiciones y guiños— diferente?. Un género profundamente asentado en la vieja Europa puede tener su reflejo en norteamérica, así es como lo viene demostrando King Dude en su primer disco, Burning Daylight, y en su segundo lanzamiento, Fear, al que hoy dedicamos un espacio en esta santa casa.

Resulta inevitable identificar ciertos elementos que resultan ajenos al dark folk de tradición europea en esta nueva referencia de TJ Cowgill. Guiños a la herencia country, siempre con esa oscura atmósfera entre lo terrenal y lo infernal que Cowgill es capaz de crear en sus composiciones. Desarrollos éstos que se vuelven más intensos en Fear alejándose de la sombra de Douglas Pearce —si es que es posible alejarse de ella, claro— para refugiarse en un folk-country en el que ya esa acción contra los pilares de la civilización occidental parece apagarse y abrazar definitivamente un tono apocalíptico sin solución, salvación ni salida posible. Tampoco escatima en guiños y referencias al punk y al rock: encontramos desarrollos de guitarra intensos que no hacen sino ayudar a hacer crecer esa atmósfera tenebrosa y apocalíptica que rodea a Fear. El southern gothic se hace fuerte aquí y se introduce en el  discurso de King Dude con una naturalidad pasmosa que, no vamos negarlo, se amolda a las particulares y excelentes capacidades vocales de TJ. Fear nos introduce en un terreno árido, arisco, guía nuestros pasos sobre un terreno duro y arenoso, mientras miramos el horizonte, sedientos e incapaces de encontrar signo alguno de civilización. Nos llevaremos a la boca la enésima botella de a saber qué insalubre brebaje con tal de calmar esta sed ardiente que nos abrasa por dentro. Soledad y desconsuelo como base sobre la que estructurar todo el discurso de Fear, amén de ser capaz de adentrarse sin tapujos en los secretos más profundos de América —que son, en esencia, los mismos que en Europa y por ende, los nuestros propios— y nos los escupe a la cara sin piedad porque es así y sólo así cuando comprenderemos el nivel de podredumbre en el que nos hallamos hoy en día.

Fear podría ser entendido como un inmenso rendez vous de influencias, guiños, giros y desarrollos diferentes como podría ser acusado también de no saber concretar ninguna de ellas y de no profundizar suficiente en tal o cual disciplina. De tratarlo así, estaríamos obviando el carácter emocional —melancólico, pesimista y destructivo en este caso— sobre el que tan bien se maneja TJ y que tan buenas composiciones nos deja. Complejo y detallista; oscuro y directo. Sorprende por intenso y profundo, nos atraerá por complejo y esmerado, nos quedaremos por sus hipnóticas melodías y sus frenéticos ritmos siempre sirviendo de base para la espectacular voz de Cowgill.

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