Southern Death Cult – The Southern Death Cult (1983)

por Álvaro Mortem

Southern Death Cult - The Southern Death Cult (1983)Todo proceso tiene un comienzo. Antes de tener nombre todo artista ha debido pasar por etapas de formación, o incluso de fracasos en lo que respecta al interés del público, hasta llegar a la posición donde se les reconoce como genios de su campo; en la música, con el baile de grupos por banderas, es algo que se hace patente a cada instante: raro es aquel que ha triunfado con su primer grupo. Eso hace interesante rastrear los primeros momentos de los músicos. Ver sus comienzos enfocándolos con la luz de su grandeza posterior ilumina de un modo extraño, aunque encantador, la evolución de una carrera que se antoja, incluso cuando es imposible que así fuera, predestinada a llegar hasta el punto por el cual los conocemos.

Aunque hoy se conozca a The Cult de forma generalizada hubo un tiempo donde no sólo eran desconocidos para el grueso de la población, sino que además tenían otro nombre: Southern Death Cult. El grupo no llegó a grabar nunca ningún disco, salvo la recopilación de su obra que nos ocupa, por diferencias creativas que llevarían a su separación; lo interesante de aproximarse al proceso es como comprobar como ya está allí en germen todo lo que después les haría grande. Eso no significa que el interés que puedan suscitarnos Southern Death Cult pase de la curiosidad, de lo que serán. Aunque beben del post-punk más ortodoxo, con claras influencias de The Cure, su sonido no pasa de ser gothxploit: su sonido es primitivo, agradable por aquello que tiene de adelantar algo más grande, pero en ningún momento terminan de salirse de unas claras directrices que no terminan de saber hacer encajar con su estilo particular. Aunque, en potencia, tenían buenos temas entre manos, en acto, sólo consiguieron un ejercicio de agradable mediocridad; los fans del post-punk lo escucharán encantados, pero no hay mucho más.

¿Por qué es interesante entonces? Por todo aquello que se intuye: un Ian Astbury adelantando lo que después perfeccionaría en lo vocal, unas letras que se salen de la media contextual de la oscuridad y la ya mentada influencia de The Cure, que después evolucionaría hacia algo más gótico pero menos post-punk. Su valor es recordarnos que el camino de Ian Astbury siempre ha pasado por allí, por lo gótico. Dilucidar que con The Cult han escorado en algún momento hacia el rock puro y duro, que han perdido la esencia de lo oscuro —como si sus colaboraciones con Salem y Boris no atestiguaran lo contrario—, sería negar lo que se hizo evidente desde un primer momento: incluso cuando rodeado de mediocridad, conocía bien su destino. Si ya desde sus primeros trabajos podemos ver la temática y la voz, ¿qué nos quedaba? Que llegara la música adecuada. Y ésta llegó, como todo, después de muchos años de perfeccionarla tras dejar atrás la maldita ansiedad de la influencia.

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