Loscil – Sketches From New Brighton (2012)

por Xabier Cortés

LoscilSeparar la parte musical de la visual —cinematográfica si queréis—de un álbum resulta un ejercicio extraño, peligroso e inútil. La capacidad de la música para generar espacios y estructuras visuales frente a nosotros es uno de sus más sólidos pilares; unas construcciones que no sólo refuerzan el concepto y la idea sobre la que gira la obra, le dan también un sentido y una razón de ser. Parece también que es el ambient, en cualquiera de sus manifestaciones, uno de los géneros en los que toda esta capacidad discursiva explota y se siente realizada. Manipular el sonido para que éste sea capaz de activar esos mecanismos visuales en nosotros, los receptores, exige un conocimiento exhaustivo de los casi siempre complejos recovecos del sonido y es por ello que resulta una disciplina, esta del ambient, reservada a sólo unos pocos. Scott Morgan, bajo el nombre de Loscil, genera en Sketches From New Brighton un intenso y profundo sonido en el que será imposible no vernos rodeados de un paraje helado, oscuro y desolador.

Un sonido leve que dispara uno más denso que a su vez es capaz de activar toda una colección de sencillos giros atmosféricos, todos ellos envueltos en otros sonidos que en un primer contacto pasan desapercibido pero que se presentan como imprescindibles para terminar de rodear una composición. La forma en la que Loscil enfoca estas composiciones se acerca a la escultura: esculpe Morgan los sonidos y los va depositando, sin cuidado al principio, sobre una sencilla estructura para terminar de adecuarlos con exquisita delicadeza a la forma final que él, y sólo él, tiene en la mente. Lo que comienza como unos mínimos movimientos se va expandiendo hasta generar una compleja estructura que nos presiona y nos obliga a mirar. Drones delicados en perfecta comunión con sonidos directamente tomados de nuestro día a día que se sirven de unos pequeños desarrollos —simples individualmente pero poderosos cuando son puestos en formación— para construir ante nosotros una estructura compleja y unas poderosas visuales. Cada sonido aquí tiene su reflejo figurativo: ningún guiño sin su correspondiente imagen, ni un solo esquema sin su indescriptible paisaje. Es esta interactividad artista-receptor-obra la que convierte a Sketches From New Brighton en una obra completa: la atmósfera fría, que no gélida, encuentra un sencillo equilibrio con luminosas secuencias, algunas acariciando el IDM más extravagante, a las que podremos acercarnos con la curiosidad inocente de quién desconoce lo que tiene ante sí, dejando el miedo a lo desconocido atrás y envolviéndose en la complejidad sonora de este álbum.

Delicado e inquietante, por ese tratamiento que de lo delicado hace aquí Scott Morgan. Lo que podemos asimilar como un sencillo ejercicio de atmósferas y ambientes se convierte en un profundo y complejo sistema sonoro de intensos desarrollos entre lo orgánico y lo artificial, fuera de la naturaleza y rodeados de hormigón, en definitiva, entre la vida y la muerte. Es por esto mismo por lo que resulta especialmente escalofriante, tanto en la forma como, sobre todo, en el fondo: resulta imposible no verse perdido ante infinitos muros de hormigón y cristal construidos ante nosotros.

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