Beastmilk – Climax (2013)

por Xabier Cortés

BeastmilkLlega un momento en el que es sano y necesario que la cosa goth se distancie de ese aura sofocante repleta de castillos, historias medievales y oscuridad clásica para abrazar entornos diferentes en los que seguir explorando su particular universo. Acercarse hacia escenarios post punk o death rock en los que se mezcla esa siempre presente melancolía —cuando no tedio o desidia— con una buena dosis de agresividad con la que soportar todo el conjunto. Melodías oscuras acompañadas de ese enérgico pulso rock and roll que levante el polvo de toda esa colección de ataúdes almacenada en vaya-usted-a-saber qué sótano infestado de mugre y dudoso olor de algún castillo perdido en cualquier bosque centroeuropeo de turbio pasado. No se trata aquí de terminar de un plumazo con toda esa tradición tan apegada a la causa goth, se trata de alcanzar metas diferentes pero siempre manteniendo ese espíritu decididamente apocalíptico y lúgubre en las composiciones. Así lo entienden los finlandeses Beastmilk que con Climax son capaces de hacer que el fin del mundo suene a rock and roll.

Beastmilk han sido capaces de encontrar un punto en perfecto equilibrio entre la dolorosa melancolía de Ian Curtis —y el bajo de Peter Hook—, la sensibilidad oscura de The Cure y el frenesí guitarrero de toda la horda nórdica del rock and roll, sin olvidarnos de Glenn Danzig y sus huestes. Beastmilk se entrega por completo a esta tarea: propone sumergirnos en un apocalipsis directo y crudo; todo es destrucción y nada queda en pie. Completan este aquelarre destructor con un salvaje rock and roll trufado de punk y marcado a fuego por ese espíritu oscuro que heredan de los clásicos. No se limitan a recuperar viejos guiños y a malmeterlos con calzador en composiciones repletas de remendones y cicatrices á la el monstruo de Frankenstein. Desde luego que no, Beastmilk parte de una base sólida y conocida pero son capaces de hacerla suya y crear un entramado de composiciones sencillas y directas que se van desarrollando con una naturalidad insultante ante nosotros, con el desenfado y el desparpajo propio de alguien que sabe lo que quiere y cuándo lo quiere. Incluso se atreven con el humor ácido —aunque quizás no tanto como quisiéramos— en Surf The Apocalypse. Beastmilk es contundente y sabe mantener como nadie un sólido amarre con la parte más oscura —esa parte que hereda del goth y que vertebra todo su discurso—, un equilibrio complicado de mantener y que sólo alguien con las ideas claras como Kvhost (Dødheimsgård) es capaz de llevar a su terreno.

Directo y crudo pero manteniendo un espíritu misterioso y lúgubre. Un tono apocalíptico pero sin hacerle ascos al humor socarrón, todo lo que rodea a Beastmilk es sensato pero desatado y frenético a la vez: nos exige momentos de desenfreno guitarrero como también nos invita a momentos más delicados y sosegados. No resulta complicado adentrarse y ser parte de este Climax, lo que resulta complicado, por no decir imposible, es salir de él de una pieza. Y lo agradecemos. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: