Panopticon – Roads To The North (2014)

por Álvaro Mortem

cSiempre es posible una vuelta de tuerca. Cuando nada puede cambiar ni evolucionar, es porque está muerto y estaría mejor depositado en el fondo de una cripta húmeda y profunda donde jóvenes escolares fueran llevados para contemplar las ruinas del pasado, involucionadas por la obligación de la muerte de un tiempo pasado; si nada fluye, entonces déjalo en el museo. Por esa razón toda mezcla, toda bastardización, es deseable sólo en la medida de su posibilidad de ser viable, pero todo lo es hasta que se demuestre lo contrario. Nadie apostaba porque de la mezcla de black metal y bluegrass pudiera fundarse algo con sentido, pero aquí estamos jurando lealtad al rey durante un disco más.

Aunque Panopticon regresaron después de Kentucky con un split, que pasó de puntillas no sin razón —microcrítica de Studio Suicide: «para hacer black metal como los demás, escuchamos a los demás»—, el auténtico golpe sobre la mesa que esperábamos se ha materializado en Roads to the North. Su mezcla de bluegrass, sonidos sinfónicos y black metal adquiere aquí una constante más firme, menos deshilachada, que dota al conjunto de un sonido más coherente y compacto a lo largo de su hora larga de exploración extrema; evoluciona no haciendo grandes cambios desde ese imposible salto adelante que supuso Kentucky, sino haciéndolo más sólido y coherente. Se hace más black metal, se hace más bluegrass: es Panopticon en esencia pura. Su logro es haber conseguido encontrar las fibras a partir de las cuales era posible hilar dos discursos que se antojaban antagónicos, inviables de unir al menos, en un todo lógico que va más allá de la suma de sus partes. Lo que hace Panopticon es algo nuevo, original: es black metal, pero es otro black metal.

Aunque sigue habiendo concesiones puras al bluegrass, cosa que se agradece como contrapunto estilístico —porque no funciona como un intento de dotar de originalidad al conjunto, sino como un momento natural de un todo orgánico que el disco exige para sí mismo—, lo que domina es un regreso hacia la esencia del black metal a través de una fuga ciega hacia el horizonte. No hay melancolía ni pretensión de volver al trve norwegian black metal. Lo que encontramos es un estilo agresivo, duro e incisivo hasta lo hiriente, pero buscando un camino propio que incluye un estilo más progresivo, sin hacer abuso de sus elementos sinfónicos. Su oscuridad es incontestable. En tanto original, se hace difícil hablar del disco sin caer en los clichés más manidos: su potencia contrasta con su elección estética, la circularidad progresiva y las duraciones próximas a los diez minutos, convirtiendo a Roads to the North, lo que debería ser y es un ejercicio de vanguardia, en un ejemplo preciso de cómo es posible acercar el black metal al presente sin desvirtuar su esencia.

Estar vivo es evolucionar. Quien se estanca en el pasado o en las actitudes de infancia, en el black metal como agresivos pajerismos true en el caso que nos ocupa, sólo logra para sí la invisibilidad y la insatisfacción de una oportunidad, que es la vida, perdida para siempre. Nadie quiere perder el tiempo, el talento y la vida; no quiere Panopticon, al menos: he ahí, alabanza, que adoremos el regreso del rey.

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