Turbowolf – Turbowolf (2011)

por Xabier Cortés

TurbowolfCuando un artista se enfrenta a la dura e imprescindible tarea de definir su sonido, éste tiene que ser resultado de una reflexión profunda y minuciosa, más si cabe cuando en la mente del artista revolotea la idea de convertir su obra en una extraña máquina que es capaz de asimilar diferentes géneros musicales y vomitarlos como un todo coherente y sin atisbo de fisura en sus estructuras. Nos encontramos en muchas —demasiadas— ocasiones frente a casos, flagrantes en muchos de ellos, en los que ese discurso presuntamente meditado y a conciencia se pierde en una maraña de sonidos aleatorios: querer abarcar —y epatar— con tantas sensibilidades musicales consigue en estas ocasiones auténticos productos infectos en los que no es ni siquiera necesario dedicar ni una sola línea —y mucho menos nombrarlos— en este foro. Afortunadamente para nosotros, existen una pequeña estirpe de artistas —curiosamente muchas de ellas con su origen en el Reino Unido, cuna infinita de géneros y corrientes musicales de vanguardia—que consigue no sólo adaptar esos diferentes estímulos musicales en un todo coherente y homogéneo, también consigue construir un discurso diferente e innovador partiendo de unas premisas con decenas de años de tradición. Es el caso de Turbwolf y su álbum homónimo al que hoy dedicamos estas palabras en esta santa casa.

El despliegue de géneros musicales de los que hace gala Turbowolf en este álbum es digna de marear al más curtido de los fanáticos de las guitarras desenfrenadas y ritmos desquiciados: podemos encontrar rock and roll, delirios punk, acidez lisérgica y psicodélica, estructuras electrónicas y contundencia metálica formando una incansable máquina abrasadora de esas que no dejan crecer la hierba tras su paso. Contundencia e intensidad. Toda esta maquinaria sonora caería por su propio peso si ésta no estuviera sostenida por un sólido y poderoso entramado: una estructura de genuina acción rock sobre la que se van desplegando las diferentes inquietudes de este cuarteto de Bristol. Ninguno de los elementos que encontramos en este disco apunta al vacío: se apodera en los momentos más sosegados —que son pocos pero que igualan en intensidad y profundidad a las derivas frenéticas que reinan a sus anchas en el disco— de elementos cercanos al llamado rock alternativo para enriquecerlo con la pesadez y densidad propia de retazos stoner que son capaces de trasladar el desierto de Arizona al mismo centro del lluvioso Londres.

Que no os engañe el hecho de que se trate de la primera referencia en forma de larga duración de este combo británico, no son unos recién llegados. El sonido de Turbowolf se ha ido forjando a base de ganar tablas y callos en una cantidad obscena de escenarios a lo largo de toda la geografía europea. Giras que les han llevado a abrir para bandas como Korn, Dimmu Borgir y bandas indies a decenas—sirva esta referencia de testimonio para comprobar la complicado, por no decir imposible, de etiquetar a esta banda. No es necesario etiquetarla pues la música de Turbowolf habla por sí misma: abajo las etiquetas, arriba la música.

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