Deaf Center – Pale Ravine (2005)

por Xabier Cortés

deaf-centreNo es la primera vez, ni será la última, en la que destacaremos en esta santa casa la capacidad visual o, mejor dicho, la capacidad de generar deferentes paisajes frente a nosotros que tiene la música. Como tal y como forma de Arte, la música se mueve en ese extraño mundo: generar imágenes a través de los sonidos. Imágenes que evocan a las emociones, sean éstas profundas o más superficiales. Desde luego que ese componente visual cobra especial relevancia dentro del discurso de un género tan necesario como incomprendido: el ambient. Éste es capaz de trasladarnos a diferentes lugares  generando a nuestro alrededor una serie de planos en los que se van desarrollando diferentes imágenes creados por los delicados, a veces, sonidos que articulan sus composiciones. También es capaz de jugar con nuestras emociones, manipular nuestra psique para guiarnos en ese camino que tiene bien marcado el artista. Movimiento y viaje. ¿Qué ocurre cuando ante nosotros se presenta una imagen estática pero inabarcable? Un paisaje en el que nada parece suceder pero que adivinamos pequeños y sutiles cambios en su forma. A saber, una sombra que se desplaza unos centímetros, el viento moviendo delicadamente unas hojas abandonadas a su suerte y un terrorífico y misterioso etcétera. Pequeños cambios en ese paradigma que si bien no somos capaces de captar el momento exacto en el que se dan, resulta imposible no percibirlos generando con ellos una inquietante sensación de desasosiego e intranquilidad ante aquello que no sabemos, y no podemos controlar.

Pale Ravine, de Deaf Center, se sitúa en ese limbo desconocido en el que el ambient de corte oscuro se da la mano con sonidos propios de la música clásica contemporánea dejándose llevar por el carácter vanguardista el primero y abrazando los sonidos arriesgados y oscuros el segundo. Pale Ravine se mueve en lo que aparenta ser un mundo estático repleto de sombras y misterios cubiertos por una niebla espesa que apenas nos dejará ver ese majestuoso y tétrico paisaje que con cuidado y mimo han tenido ha bien construir ante nosotros. Esa quietud superficial se interrumpe con pequeños guiños: leves cambios en el paisaje que no sabremos concretar pero que definitivamente sabremos que se han llevado a cabo. Deaf Center juega de forma sencilla con elementos que resultan complejos en cuanto se unen: drones densos que dejan paso a delicadas melodías, una línea de bajo interrumpida por un delicioso y amistoso piano que nos hará que nuestros ojos no se fijen en todos los cambios que se dan alrededor: no sentiremos que el viento ha levantado viejas heridas en el paisaje mostrándonos su crudeza pero de alguna forma sabremos que están ahí

La facilidad con la que caemos en el sonido de Deaf Center es un reflejo del poderío de este proyecto británico. Un inmenso poder hipnótico condensado en unas composiciones que saben en todo momento dónde están y hacia a dónde van, algo que nosotros, simples escuchantes, no seremos capaces de adivinar hasta que el viaje por ese inmenso paraje al que nos invita Deaf Center llegue a su fin. Incluso, una vez ahí, tampoco sabremos muy bien cómo hemos llegado, qué camino exacto hemos recorrido, ni, por supuesto, tendremos la más remota idea de cómo saldremos de ahí. Ni falta que nos hará. Ahí se esconde el verdadero sentido de este Pale Ravine.

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