Cornbeast – Chip Hero (2009)

por Xabier Cortés

8BP094El chiptune no requiere de grandes elementos para saberse completo, basta el uso de unos cuantos bleeps, una base más o menos sólida y un especial cuidado en la melodía –que es, precisamente, una de las facetas en las que muchos proyectos cojean–. El chiptune acepta referencias y guiños al rock y al punk, es más, el uso de máquinas obsoletas manipuladas para un fin distinto para el que fueran originalmente programadas no deja de ser una postura antisistema de confrontación directa al consumismo desmedido y a la obsolescencia programada. Algo de punk hay ahí. Ahora bien, al hacer uso de elementos más o menos limitados existe el riesgo real de caer en la repetición más chabacana. Cientos de proyectos surgidos alrededor del movimiento chiptune se basan en un sencillo ejercicio de nostalgia ochentera —¿un nuevo síndrome de Peter Pan? Quizás— generando doppelgängers sin fuerza ni brillo que se parapetan tras la siempre seductora máscara de lo retro. Cornbeast se sitúa en una posición opuesta a ese lúdico pero vacío ejercicio de archivística musical: es capaz de hacer uso de los elementos arquetípicos de la música 8 bit para amoldarlos en un intenso programa de melodías bailables y bases contundentes.

Adaptar formas del universo electrónico más ligero al chiptune no parece a priori una labor en el que haya que invertir gran esfuerzo ni empeño. Es más, Cornbeast no inventa nada nuevo, utiliza estructuras propias de las pistas de baile adaptándolas al particular universo de los pitidos de la game boy —convenientemente apoyado en arcaicas cajas de ritmos y demás parafernalia analógica— y es aquí, en ese ejercicio que se supone asequible pero que se demuestra complejo, en donde triunfa soberanamente este EP. Una base cuidada hasta el extremo en el que bombo y bajo tienen su lugar predefinido sosteniendo la complicada estructura que crea, sienta la base para un frenesí de glitches y beeps que forman a su vez hipnóticos bucles que seremos incapaces de borrar de nuestra cabeza. Al tomar forma de EP peca de las carencias típicas del formato, a saber, una duración extremadamente justa dejando esa horrible sensación de querer más: más melodías, más bases contundentes, más chiptune. Como si la propia limitación del movimiento chiptune le apremiara a cortar las composiciones para dejarnos con ganas de más, esa sensación que es en realidad santo y seña de este formato: servir de aperitivo para algo más, lo cual, desde luego, cumple con creces.

Cornbeast se desmarca, por lo menos un poco, de esa tendencia de la música mínima del 8 bit a recrear melodías de aquellos viejos videojuegos de los años ochenta: se deja seducir por esos sonidos, sí, pero es capaz de adaptarlos a un formato diferente convirtiéndolo en un algo más, en un algo diferente que sirve para diferenciarse de toda esa horda nostálgica que puebla en la escena chiptune. Un trabajo que cumple su función desde los primeros segundos del Megablast que abre este disco y que es, por derecho propio, una de las composiciones más contundentes de todo el Ep y uno de los temas más intensos de toda la ola chiptune europea de los últimos años.

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