The Organ – Grab That Gun (2004)

por Álvaro Mortem

The Organ - Grab That Gun (2004)Tendemos a olvidar el valor reivindicativo del arte, su función como espejo de nuestras miserias. En un tiempo donde toda música parece proceder siempre de jóvenes universitarios guapos, que están en ello por las chicas o el dinero, pretender escribir algo más profundo que «las chicas lo que quieren es divertirse» puede resultar ridículo; la música parece querer desvincularse de su obligación de plasmar la realidad. Canciones sobre el amor, la amistad o salir de fiesta que glorifican comportamientos adolescentes, cuando no directamente patológicos, es la moneda cambio común en nuestro tiempo. «Nada nuevo bajo el sol» —pensará más de un lector. Salvo porque de vez en cuando aún queda quien de un puñetazo sobre la mesa para hacer algo personal no sólo en la forma, sino también en el fondo.

Definir The Organ como una versión queer contemporánea de The Smiths con voz femenina sería tan inapropiado como acertado. Remitir la capacidad vocal de su cantante hasta los sui generis gorgoritos de Morrisey tiene sentido, aunque nos parecidos no se agotan ni allí ni con ellos; aunque musicalmente remiten hacia el rock de los años 80’s —no sólo The Smiths, pues también hay buenas dosis de The Cure y, cómo no, Joy Division— tienen una herencia indiscutible del post-punk y dejes à la rock progresivo dos décadas anterior. Su uso, o abuso según gustos, del hammond no resulta anacrónico en tanto se nos presenta como una agradable rareza dentro de un contexto consistente, un aporte personal de tintes retro, a un conjunto que no por familiar deja de ser novedoso. La inclusión del órgano confiere de una atmósfera común al conjunto, que no se sostiene exclusivamente en lo vocal, haciendo más original, aunque de más difícil digestión para paladares desacostumbrados, su escucha.

Es en lo vocal, pese a todo, donde se baten el cobre con los mejores. Si bien la voz de Katie Sketch es insustituible, no lo son menos las letras que vehicula a través de ella; con un fuerte componente metatextual, todas sus canciones tratan cuestiones sentimentales desde perspectivas inusuales para el rock: tómese como ejemplo Love, Love, Love, donde reflexiona sobre la imposibilidad de abrirse de forma sincera al amor prometido en su título. Ni lamento de desamor ni glorificación del amor, es un canto que habita la ambigüedad del sentimiento y la imposibilidad de procesarlo; desear algo y no saber como alcanzarlo o tratarlo, negárselo como método de lidiar con ello. Perspectivas tan personales que pueden comunicarnos algo que creíamos sólo sentir nosotros, perspectivas tan personales que hoy son ya una rareza en el rock. Grab That Gun no es sólo un disco (casi) perfecto en lo musical, pues varios altibajos deslucen el conjunto, sino que también tiene un valor emocional detrás mucho más profundo de lo que estamos acostumbrados.

The Organ tardaron un disco en disolverse, ¿cómo culparlos? Algo tan sincero, escrito con tanta pasión, es como sacarse las entrañas para que el mundo pueda reflejarse en ellas: todo acto auténtico de creación es una responsabilidad capaz de destruir a una persona.

Oh, love, love, love.

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