Interpol – Antics (2004)

por Álvaro Mortem

Interpol - Antics (2004)Vivimos en un tiempo donde la puerilidad se abraza con felicidad. Cuando es más fácil negarse los deseos o no querer ver la realidad, pretender decir las cosas claras sirve para que los demás se enemisten con nuestra visión agridulce de los acontecimientos: es más fácil vivir de ensoñaciones y profecías autocumplidas. La crítica musical no es excepción. Es más fácil categorizar todo en compartimentos estancos, en concepciones prefijadas de antemano, que reconfigurar nuestro pensamiento para aceptar los cambios, lo cual implica un esfuerzo que podemos negar afirmando que «ya nada es lo mismo». Cerramos la puerta, tiramos la llave al río. El prejuicio, el pensamiento que se da por bueno sin renovarlo en el tiempo, nos habla sólo sobre lo que queremos ver que es el mundo, no sobre cómo en verdad es.

Aunque en el ámbito lírico y vocal se siguen aferrando al buen hacer de Paul Banks —no por nada, licenciado en literatura comparada; la sencillez, pero contundencia, lírica de sus canciones demuestra, entre otras cosas, un trabajo detrás que no nace de la mera práctica sin teoría—, en Antics encontramos un giro musical hacia ámbitos que se nos antojan, en primera instancia, más amables. Aunque no dejan de lado su regusto gótico, inseparable del hecho de hacer post-punk, sus canciones parecen girar aquí hacia ámbitos menos lúgubres que en ocasiones anteriores; se refuerzan los tonos pop en forma de estribillos vibrantes sin rupturas, en especial en sus singles como Evil y Slow Hands, del mismo modo que se refuerza el tono oscuro al rozar ciertas influencias próximas al trabajo de Nick Cave &a The Bad Seeds, como se puede ver en el cierre perfecto que supone A Time To Be So Small. El tono sigue el camino emprendido en Turn on the Bright Lights, pero se vuelve en apariencia más dulce.

Si bien aquí la predominancia de teclado es mayor, y aunque el bajo tiene un protagonismo diferente al convertirse en un apoyo fantasmático, donde destaca de forma magistral Antics es en aquello que hemos transitado de puntillas: Paul Banks. Tanto en lo vocal, demostrando un registro más amplio al no abusar de la distorsión, como en lo lírico, que roza lo poético sin dejar de ser consciente jamás su raigambre musical —lo cual consigue, no sin gracia, al ser concebidas para el lucimiento de su cantante—, son un prodigio aún mayor si se ven como se adaptan a la sencillez general: Slow Hands es, musicalmente, brillante y luminosa, y, líricamente, un lloriqueo adolescente; su mérito es encauzar la canción desde un estilo festivo à la Franz Ferdinand hasta un minuto final de post-punk virtuoso que acaba con una frase demoledora: «You let the face slap around herself». Convierten un lloriqueo infantil típico del indie pop, un «pobrecito de mí, cuanto sufro» ridículo, en una demostración de pura autoconsciencia. No sólo personal, sino también musical. Son capaces de hacerte bailar como los otros famosos petardos de los 00’s, pero entre medio te contarán las verdades que nunca has querido escuchar.

Su giro hacia campos mejor iluminados no se puede interpretar como un intento de «venderse», de «ser comercial». Ese giro se nos presenta como un ejercicio humorístico, que no irónico, a través del cual acercarse a su imaginario oscuro de rupturas a pie cambiado y personas incapaces de parar de mentirse aunque fuera durante un segundo; arrojan luz sobre su oscuridad para hacer las sombras más visibles. Siempre guardan un giro final a través del cual vuelven a sus raíces, atacan con una última frase que revierte el significado general, nunca se quedan con los lloros o la exaltación por un amor que, por necesidad, es más complejo de lo que ningún adolescente, física o mental, pueda comprender. He ahí su hombre, Antics: bufonería, o comportamiento ridículo.

¿Quién es el único que puede reírse del rey, hacerle ver que se equivoca, no a través del protocolo sino rematando el chiste contra él después de hacerle sentir cómodo? Aquel que conoce los límites del humor, el bufón, Interpol. Se visten de diversión para que prestemos atención, para que bajemos la guardia, para recordarnos que la hostia siempre viene del interior, de lo que hemos buscado de forma activa evitar.

When the cadaverous mob
Saves its doors for the dead men
You cannot leave

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