Gaë Bolg And The Church Of Fand – Tintagel (2001)

por Xabier Cortés

Gae BolgNo existe término medio cuando nos enfrentamos cara a cara con una trabajo enmarcado dentro del vasto universo del medieval. Debemos identificar rápido esas señales que nos avisan de que estamos frente a uno de esos infectos ejercicios sólo válidos para acompañar ridículas ferias medievales organizadas por el ayuntamiento de turno: ese sempiterno tono festivo, esa obsesión por la comida y los brebajes alcohólicos de dudosa salubridad y esa molesta obsesión por comer y beber hasta reventar en una explosión de vísceras y música mediocre. En el lado opuesto a esa caterva de bandas que pululan sin control por ahí se encuentran proyectos serios y coherentes que son capaces de adaptar estructuras propias de los sonidos del medievo a diferentes sensibilidades musicales, oscuras en este caso, pero siempre manteniendo un punto sólido y bien cimentado sobre el que desarrollar estos sonidos. Gaë Bolg And The Church Of Fand hace suyas estructuras musicales ancestrales para impregnarlas de unos matices marciales y oscuros que los convierten en uno de esos proyectos únicos y absolutamente imprescindibles dentro de la escena. Sirva este Tintagel al que hoy dedicamos unas líneas como ejemplo.

Este proyecto monocefálico tras el que se esconde Eric Roger —el que fuera miembro de Sol Invictus durante algunos años— es capaz de conseguir una extraña reunión sonora entre los delirios marciales, el tono épico de las composiciones medievales y la locura lisérgica de, por ejemplo, unos frailes encerrados en una mazmorra que en pleno brote psicótico han abandonado su camino para adorar a alguna suerte de deidad oscura y maligna bajo la influencia de alguna extraña fuente lisérgica. Gaë Bolg And The Church Of Fand choca de forma violenta contra todos los falsos preceptos —estancados y malolientes, dicho sea de paso— mal interpretados y peor reproducidos de la música medieval: le arranca de forma impetuosa e implacable todo atisbo de espíritu jovial y guiños de fiesta para convertirlo en una colección de composiciones dispuestas ante nosotros con el firme objetivo de sumergirnos en la pesadilla esquizofrénica de un monje desesperanzado y bajo los efectos de vaya-usted-a-saber-qué sustancia estupefaciente. Momentos violentos en los que la marcialidad se adueña de la estancia y nos invita a invadir, saquear y quemar aldeas bajo la protección del Maligno —el propio Gaë Bolg— para pasar inmediatamente después a desarrollar melodías propias del medievo que nos invitan al descanso y a la reflexión pero siempre manteniendo ese espíritu peligroso en cada una de sus notas. Tampoco le hace ascos a incorporar elementos que identificaremos como propios de la escena industrial, a saber, distorsiones y ruidos por doquier. Todo lo grotesco tiene cabida en Tintagel.

Desquiciado y profundo, dejarse llevar por el particular sentido de Tintagel —y de todo lo que rodea a Gaë Bolg And The Church Of Fand— es adentrarse en un universo en el que la única salida a la locura será encerrarnos en un monasterio abandonado mientras nos rodeamos de armas y sustancias/brebajes de dudosa salubridad y desconocido efecto. Salve Gaë Bolg And The Church Of Fand.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: