Strapping Young Lad – Alien (2005)

por Xabier Cortés

StrappingYoungLadLa violencia siempre ha sido un elemento recurrente en el Arte, no tanto como fin, más bien como inspiración y base sobre la que asentar una obra. La violencia, nos guste o no, resulta atractiva por su poder de destrucción, se presenta hipnótica por sus coreografías decididas a terminar con todo aquello que ha llevado tiempo y esfuerzo construir. No resulta complicado encontrar ejemplos dentro del mundo de la música —y menos en el universo del metal extremo— en los que la violencia sea el hilo conductor de una obra o, por lo menos, el concepto tras el que se esconden algunas de sus composiciones. Lo que sí resulta más difícil de encontrar es que el resultado del trabajo —el disco en este caso— sea en sí un acto de pura violencia: destructivo y despiadado. Strapping Young Lad saben, supieron en realidad, convertir toda una amalgama de violencia y bilis en un ejercicio sonoro atronador en el que devolvían esa violencia multiplicada hasta el hastío siempre acompañada del irreverente y particular sentido del humor del genio tras los mandos del proyecto canadiense: Devin Townsend.

Alien, que con los años y tras la disolución del grupo se ha terminado convirtiendo en uno de los referentes en la discografía de Strapping Young Lad, refleja los intrincados vericuetos de la perturbada mente de su creador, se rodea de una venenosa atmósfera violenta y se resuelve como la obra definitiva del combo canadiense. Musicalmente siempre de la mano de esa suerte de hijo bastardo entre el death metal, el industrial y el espíritu thrash es en Alien en donde el bueno de Devin y sus huestes —inmenso Hoglan tras la batería como siempre— encuentran un sólido equilibrio entre lo violento y la melodía; la delicadeza y el desenfreno impetuoso. Pero incluso en esos momentos en los que el frenesí violento deja espacio a la voz limpia de Devin —en perfecto contraste con su particular voz gutural: gritona y descontrolada pero genial y única— y la melodía se interpone a la velocidad implacable de los blastbeats de Hoglan, el carácter violento del álbum nos sigue persiguiendo con delirio homicida. Alien —todo Strapping Young Lad, en realidad— se convierte en un maestro de ceremonias en la carpa de algún extraño y esquizofrénico circo de los horrores: no faltan los números cómicos —Shitstorm, por ejemplo, o el uso y abuso de la palabra fuck en claro y sincero guiño a los chicos malos del patio del instituto—, el espectáculo salvaje de las bestias se sustituye aquí por un constante ejercicio de catarsis violenta a base de un concentrado de riffs incisivos y ardientes, una velocidad inhumana y una atmósfera enfermiza a más no poder.

Alien te golpea sin piedad y no deja de hacerlo hasta que te noquea y te deja en el suelo con la cara desfigurada por los insistentes y duros golpes: se levanta con risa socarrona y se despide amablemente de ti para enfilar a su siguiente oponente. La pérdida para la escena metálica extrema que supuso el final de Strapping Young Lad está lejos de verse curada, Strapping Young Lad era necesario en el movimiento por su marcado carácter transgresor, su incorruptible espíritu innovador y por un sentido del humor imprescindible en un género dominado por los ceños fruncidos y las nubes negras. Larga vida a Strapping Young Lad.

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