Totenwolf – Night Path of Pest (2013)

por Álvaro Mortem

Totenwolf - Night Path of Pest (2013)El underground no es ni un modo de vida ni un estado espiritual, es una circunscripción de popularidad. Cuando uno se mueve dentro de géneros considerados minoritarios, o si su país de origen está lejos de las coordenadas habituales de la industria musical, el mainstream le está vedado por definición; que un grupo sea underground sólo significa que es subterráneo, poco conocido, nada nos dice sobre si son auténticos. Aunque tendamos a creer lo contrario. La actitud purista de que sólo lo impopular puede ser bueno, sólo lo desconocido genial, pueden llevarnos a admitir como ejemplos de buen hacer grupos que no pasan de una mediocridad absoluta. Cuando no son nefandos. Y, en algunos pocos casos, entre ese marasmo subterráneo encontramos un grupo valioso de verdad.

Si Totenwolf han tenido poco predicamento por el mundo se puede achacar, precisamente, a su condición underground: adláteres de un género minoritario, ya que el black metal clásico está alejado de cualquier tipo de popularidad auténtica, y procediendo de un país fuera de la órbita común del género, ya que proceden de Rusia en un género donde los países nórdicos y anglosajones han copado el campo del mismo, su proyección es mínima. En primera instancia su interés radicaría sólo en su particular exotismo. Siendo un grupo de black metal ruso, la curiosidad por escucharlos, e incluso por defender su interés, nacería en exclusiva de su singularidad. Salvo porque no es así. Si Night Path of Pest resulta interesante es porque consigue articular un sonido personal, nada afectado, que sin embargo continúa la estela clásica del género: tenebrosos pasajes ambientales dan paso a bajos pesados que evolucionan en conjunto con afiladísimos riffs de guitarra. Nada nuevo, nada sorprendente, pero tan bien ejecutado que es imposible no admitir su buen gusto dentro de su campo.

Sería posible considerar a Totenwolf nada más que un buen grupo de black metal, ya que se circunscriben dentro del mismo y no necesitan transcenderlo para tener una entidad propia dentro del mismo; ahora bien, es precisamente en esa ausencia de trascendentalidad donde consiguen hacer evolucionar de forma lógica el género. Tienen pinceladas heredadas del doom, un particular énfasis en bajo y batería, pero es, en esencia, un sonido de raíces clásicas. Por eso es interesante. No necesitan esgrimir una experimentalidad espuria o su condición de underground como medalla para resultar atractivos, porque su público no es la gente que quiere «ser guay» por escuchar o hacer música minoritaria: su público escucha black metal por interés personal, sin razón alguna para hacerlo más allá del propio placer conferido en el acto. Son auténticos, son underground, son Totenwolf recordándonos que el black metal vive, ad perpetuam, en su hermético clasicismo romántico ajeno a los estúpidos ciclos que nos traen las modas musicales.

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