Iserlohn – Standing Still Is A Great Deceiver (2014)

por Xabier Cortés

IserlohnDesarrollar un extenso argumentario en el que defender la postura de que tal o cual género debe sonar de tal o cual manera para tener el «honor» de ser aceptado dentro de ese grupúsculo artificial creado por unos pocos para saberse auténticos e importantes parece ser el único discurso que defienden pseudoartistas cuya concentración se difumina en este tipo de palabrería vacía en lugar de centrarse en construir un discurso musical coherente y sensato. Los Artistas —los que van en mayúsculas, los coherentes y sensatos— no se dejan llevar por estas venenosas corrientes que lo único que buscan es esconder una total falta de talento tras una capa superficial de violentos discursos en los que se defiende de cualquier manera la «autenticidad» de un género. Huyen de esos castillos en el aire para centrarse en elaborar al detalle un manifiesto musical y estético coherente, denso y sin limitaciones estilísticas: son capaces de asimilar sonidos de procedencias exóticas para devolverlos —tras un intenso ejercicio de construcción— y acomodarlos a su discurso. Iserlohn construye toda una disertación sobre hacia dónde se dirige el rock, siempre con el horizonte post-rock a la vista pero sin limitarse a ello solamente consiguiendo así ampliar y llevar al extremo los (autoimpuestos) límites del post rock en Standing Still Is A Great Deceiver.

Un álbum debut que se atreve a construir sus estructuras haciendo uso de una colección extensa de elementos a priori no adscritos al género en sí pero que se acaban demostrando como imprescindibles para no tanto como redefinir, pero sí por lo menos inaugurar nuevos caminos en los que continuar explorando y ampliando las miras del, en este caso, post rock. Iserlohn se adueña de poderosos e intrincados drones para dotar de un trasfondo oscuro a este Standing Still Is A Great Deceiver, se deja seducir por guiños electrónicos que ayudan a completar los giros dramáticos que tienen el álbum: glitches y bleeps van de la mano con etéreos drones mientras que los delicados y precisos guitarrazos esperan agazapados a que el maestro de ceremonias les de la señal para entrar en escena. Un álbum que se construye sobre capas y capas de diferentes inquietudes pero siempre respondiendo a una ambición y una obsesión por llevar todo el conjunto hasta los límites, explotar cada uno de los elementos que lo completan con el fin de crear algo único y coherente asentado con solidez en una reflexión y un discurso imponente y sin fisuras.

No es casualidad que nos dé la bienvenida una composición como Still Unannihilated: una introducción perfecta hacia lo que encontraremos aquí, una presentación dramática y vertiginosa pero siempre desde el prisma etéreo y delicado que le otorgan el quirúrgico uso de los ambientes y los drones. A partir de aquí, este manifiesto en forma de disco no hace si no aumentar sus valores y adueñarse del espacio a lo largo de los algo más de cincuenta minutos manteniendo siempre su discurso intacto y elevando algo como el post rock a nuevos e interesante niveles.

Resulta complicado encontrarse con una primera referencia tan ambiciosa, tan bien construida y de tanto calado como esta de Iserlohn, el aire de Bristol tendrá algo que ver.

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