Nightcrawler – Metropolis (2014)

por Xabier Cortés

NightcrawlerLa obsesión por lo retro ha dejado ya de ser tendencia para convertirse en movimiento y el boom de la causa synth ha sabido crecer de ser un sencillo ejercicio de nostalgia ochentera hasta convertirse en un universo con su propio lenguaje y su propio discurso que va mucho más allá de imitar formas musicales de los 80’s. Ya no es suficiente con imitar estructuras y sonidos propios de los paisajes de neón, los Ferrari Testarossa y las combinaciones de colores imposibles; es necesario aportar un discurso completo sin caer una y otra vez en la nostalgia. Nightcrawler no sólo estructura un argumentario sólido para defender su propuesta retrowave, también es capaz de elaborar un completo discurso conceptual sobre el que se sostiene todo el sonido y todos los sonidos que forman parte de Metropolis: es capaz de crear una historia distópica utilizando los elementos narrativos propios de toda esa imaginería sci-fi à la serpiente Plissken o Johnny Mnemonic, a saber, apocalipsis, héroes involuntarios, megacorporaciones malvadas y tecnología imposible. Metropolis es un viaje al futuro desde las ideas que se avanzaban en los años ochenta del siglo pasado.

Metropolis bebe mucho del discurso cinematográfico: nos va presentando las premisas sobre las que se construye esta distopía y las entidades que forman parte de ella al mismo tiempo que nos presenta su alineación en la historia a través de percusiones mecánicas, desarrollos synth brillantes y magníficas interrupciones de la mano de interesantísimos punteos de guitarra que terminan de situar el álbum en su contexto histórico y conceptual. La historia de Metropolis —una ciudad habitada por los supervivientes de la Tercera Guerra Mundial en la que la única forma de vida es la supervivencia, el día a día— se desarrolla con naturalidad a lo largo del álbum: asimilamos los giros dramáticos de las melodías sintéticas como vertiginosas persecuciones por carreteras destrozadas; contenemos la respiración cuando los samples de conversaciones de radio o la voz del narrador nos interrumpe, nos dejamos llevar por las sensuales melodías en The House Of Pleasures para inmediatamente después volver a estar en guardia y con el corazón a punto de estallar en Spaceraft. Metropolis es un viaje apasionante hacia un futuro postapocalíptico, un futuro destrozado como ya hemos visto en una cantidad obscena de películas —muchas de ellas brillantes, otras de dudosa salubridad— en forma de composiciones en las que todo gira alrededor de las deseos del synth más cuidado y genuino bebiendo directamente de esas bandas sonoras que llenaban las estanterías en los primeros años de los ochenta.

Nightcrawler ha visto necesario crear su propia historia distópica para llevar a cabo su propuesta musical —algo que, de forma parecida, también hiciera Umberto y su obsesión con el género giallo—. Un sonido que nos narra un futuro incierto a través de elementos, formas y sonidos propios de una época pasado consiguiendo así un efecto contundente y brillante: seduce y aterra a la vez que nos sumerge por completo en una historia que no por no tratada deja de ser interesante y espectacular.

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