Xiu Xiu – Knife Play (2002)

por Álvaro Mortem

Xiu Xiu - Knife Play (2002)Nada hay de novedoso en la deconstrucción salvo el nombre. Como destruktion lo que hace es sacar los aspectos positivos de la tradición derribando en el proceso los negativos, logrando hacer evolucionar la cultura en tanto no es necesario crear algo nuevo, sino saber aprovechar sólo lo bueno de aquello que ya está creado; en tanto toda cultura es juicio, interpretación, deconstrucción, la moda del posmodernismo no deja de ser, en el arte, la función quintaesencial del mismo. Si estamos aquí para conceder el principesco beso semiológico, entonces deberíamos considerar que toda obra de arte nace en ese despertar: nada ha podido ser creado de la nada —incluso la primera obra de arte debió deconstruir la realidad, idealizarla, asumir sólo lo positivo (para lo que la obra pretendía expresar) que contenía—, porque ninguna obra de arte nace sin ser interpretada.

Si hablamos de post-punk hablamos de oscuridad y desesperación, de la esperanza enterrada bajo un campo de arrozales, atravesando la celosía de un mundo postindustrial donde sólo ha sido institucionalizada la aniquilación sistemática del espíritu humano. La culminación de la modernidad no fue Auschwitz, sino el trabajo asalariado. Xiu Xiu son una bala en la cabeza, una patada en los riñones, un vómito negro en el bulbo raquídeo; deconstruyen el post-punk hasta convertirlo en una danza tribal repleta de sintetizadores, sonidos pesados y una completa desfiguración de cualquier lógica anterior de lo que debería ser el género. Pero suenan post-punk. No es difícil rastrear la influencia de Joy Division en sus composiciones, por lo demás más extravagantes de lo que los chicos de Manchester jamás hubieran probado, pasado por el tamiz de los Swans más viscerales. Lo que nos propone Jamie Stewart está más próximo del violento asalto colonoscópico que del sano ejercicio de BDSM que podríamos intuir en primera instancia.

Sin límites ni lugar para la adecuación, llevando todo al campo de «nadie está preparado para algo así», si Knife Play tiene aspecto de colonoscopia —cosa que iría a más en trabajos posteriores, colindando de forma peligrosa con la violación existencial de corazones lacerados— es porque explora con minuciosidad aquello que el ser humano contiene tan profundo que nunca debería ver la luz a ojos de los demás. Las deposiciones de la vida, todos los traumas y la sangre enquistada en forma de odio diarreico, queda reflejado de forma constante en una serie de composiciones que hacen del ruido y la extravagancia jazzística o tribal su forma de articular un discurso sobre la enfermedad interior. Como si Joy Division hubieran sido un vagabundo psicótico padre de una Anaïs Nin heroinómana inmersa en un amor incestuoso, eso es lo que logran Xiu Xiu.

Es incómodo, es doloroso, es necesario: es post-punk. Y, sin embargo, también un exorcismo.

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