Apoptose – Nordland (2000)

por Xabier Cortés

ApoptoseA menudo identificamos al dark ambient como una representación sonora de un lugar frío: una descripción en forma de canciones de un paraje devastado, helado e inhabitado. Hablamos mucho de la importancia de recrear ante nosotros esos mismos parajes en los que se inspira el artista, esas imágenes que él toma como referencia para desarrollar su sonido. Desde luego que toda esta maraña de postales glaciares y oscuras forma parte de la idiosincrasia del dark ambient y es una parte importante de una escena heterogénea. Ahora bien, existe un numeroso grupo de artistas que conciben el dark ambient no como una muestra de una colección eterna de polaroids de los fiordos helados, sino como una herramienta en la que horadar dentro de la compleja psique humana: adentrarse en esas zonas de nuestra mente que nos guardamos para nosotros, filias y fobias en las que nadie ni nada ha tenido autorización para explorar y mucho menos para plasmarlas en forma de sonidos para recopilarlas en un disco. Así es precisamente la forma de actuar de este Nordland de Apoptose.

Al contrario de lo que nos puede sugerir el nombre y los primeros compases de Nordland, no se trata de una obra que se limita a dibujar ante nosotros a través de la música desolados parajes helados y fríos ni bosques nórdicos en los que perdernos; Nordland no se refiere a un lugar geográfico concreto. Nordland está dentro de nosotros: una zona inhóspita e inexplorada de nuestra mente en la que sólo la oscuridad tiene cabida y en la que Apoptose se cuela sin escrúpulos para jugar y retorcer sus límites a su antojo. Nordland no es un lugar sencillo en el que sobrevivir, los perpetuos drones se convierten en implacables agentes del Gran Hermano que todo lo ven y todo lo rodean. Sobre esta densa e impenetrable maraña de sonidos profundos se van desarrollando las melodías limpias con las que termina de dibujar los intrincados recovecos de esa zona prohibida de la mente humana. Los miedos, los anhelos y las perversiones más siniestras tienen cabida aquí de la mano de unas sorprendentes e imprescindibles percusiones que nos invitarán a regocijarnos en este frenesí marcial efímero para dejarnos caer nuevamente en los infinitos loops tenebrosos que forman el grueso de Nordland sin dejar aparte la inmensa colección de ruidos inclasificables que ayudan a completar este ejercicio de introspección brutal e inmisericorde. Nada escapa a Nordland porque todos somos Nordland en realidad.

Entrar en Nordland es entrar en un mundo interior distante, frío, complejo, oscuro y delicado. Distante porque no seremos capaces de identificarnos con las ideas que se nos presentan ante nosotros por mucho que sean nuestras, complejo porque la simple idea de explorar los espacios más alejados de la luz dentro de nuestra mente es per se una de las tareas más complicadas que puede llegar a afrontar una persona. Oscuro por no existir barreras entre lo que está bien y lo que es El Mal, dentro de esa zona que hemos bautizado como Nordland la línea que separa estas dos ideas desaparece. Y delicado porque no sabremos si seremos capaces de sobrevivir a este trance y en caso afirmativo no sabremos qué persona saldrá tras la experiencia de sumergirse en su propio Nordland.

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