Seu Jorge – The Life Aquatic Studio Sessions (2005)

por Álvaro Mortem

Seu Jorge - The Life Aquatic Studio Sessions (2005)Reinventar aquello que ya nació ideal tiene la dificultad intrínseca de adaptar el sentimiento de otro al pensamiento propio. Aunque pueda resultar una obviedad injustificable de defender, conseguir hacer una versión meritoria contiene un germen de imposibilidad mayor del que, en primera instancia, podía creer el profano: es necesario diseccionar la canción para observar su funcionamiento, desmontarla y descubrir el modo de volver a ensamblarla con otras partes, partes que nos sean más próximas, sin que nada se pierda por el camino. Añadiendo algo en el proceso. La imposibilidad radica en que la forma debe amoldarse al artista que versiona, pero el fondo debe preservar el espíritu del artista versionado.

Todo mérito de The Life Aquatic Studio Sessions nace no tanto de su espíritu iconoclasta, que se muestra ausente, como del amoroso respeto que muestra hacia su objeto de culto. Cualquier intento de versionar la música de David Bowie es un acto colindante con el suicidio artístico, pero Seu Jorge sale indemne por su capacidad para ir más allá del registro común del camaleón: respeta su fondo, su sonido base, pero lo adapta todo al sonido clásico de la música popular brasileña. Con aires más próximos al de aun cantautor que al de una estrella del rock, celebrando su música a través del uso exclusivo de voz y guitarra acústica, se deja llevar por un ritmo parco en movimiento, que abraza un suave mecer de tranquilidad como bandera, definiendo el cambio a través de su particular singularidad, abordando el sonido de Bowie desde un campo que él mismo jamás había tocado. Funciona porque es diferente, pero no tan diferente como para ser distinto.

No existe en Seu Jorge intención de imponer una impronta personal excesiva, un intento de mejorar las canciones originales, y por eso el popurrí de temas funciona de forma tan efectiva; no acomete riesgos, asume su posición de forma cómoda siguiendo una estela lógica de grandes éxitos, reconocibles con facilidad, que le permiten hacer una intervención homogénea en el conjunto. El resultado es bueno, pero tampoco consigue llegar más allá. Reconocemos la mano de Seu Jorge detrás de su ejecución —a lo cual ayuda, en un toque de distinción, que cante en portugués—, pero sólo podemos ver el espíritu de David Bowie entre sus notas; al final, nos quedamos en la mera curiosidad sin fondo: es interesante, una excelente demostración de cómo debería ser una versión, pero carece de personalidad como para sostener su lógica en un largo desarrollo.

A veces no basta con hacer las cosas bien, también hay que saber cómo darles la forma adecuada. O, al menos, saber cuándo aceptar la imposibilidad de nuestros actos: versionar es siempre un fracaso, incluso cuando se acierta.

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