Interpol – El Pintor (2014)

por Álvaro Mortem

Interpol - El Pintor (2014)Existe un extraño vaso comunicante entre la pintura y la música, un destino común que no tiene tanto que ver con la forma como lo indirecto de su representación: sus símbolos no son verbales, evidentes por sí mismos en tanto cargados de significado, sino que exigen una interpretación que va más allá de la educación básica del común de los mortales. Son arte difícil de desgranar no por arte, sino por olvidados de explicar. Cualquier pretensión de practicar una interpretación directa, sentimental, acabará en el fracaso propio de aquel que pretende entender un idioma o una novela sólo porque sabe el significado de las palabras; todo transcurre en segundo plano, en el conocimiento exigido que emana de la obra para su interpretación.

Después de dos fracasos monumentales, auténticas obras de ingeniería de la hez que corresponderían más con cualquiera de sus grupos deudores —por no decir fagotizadores, como podría ser el caso, entre otros, de Uni_Form; gente que copia la forma sin el fondo, el significado de las palabras y no lo que las rodea— que con la genialidad demostrada en sus primeros dos discos, el regreso de Interpol después de su hiato tiene algo de catártico: triunfen o fracasen, su destino quedará sellado. O no, no exactamente. Si bien El Pintor, anagrama de Interpol, tiene algunos destellos de auténtica genialidad que demuestran la capacidad del grupo para evolucionar su significación de forma consistente sin comprometer su significado, como es el caso de la excelente All The Rage Back Home, y siendo que ningún tema desmerece al conjunto, siendo su totalidad un grupo de canciones sólidas como hacía una década que no firmaban, su único problema es la inconsistencia. Si bien encontramos destellos de genialidad silente, como la ya mencionada All The Rage Back Home o Everything is Wrong, el conjunto no termina nunca de amoldarse a sus posibilidades. Superan con facilidad los mejores temas de sus imitadores, pero, en conjunto, la mayoría no dejan de ser piezas (muy) menores para el talento esperado en el maestro.

«La incoherencia es mi esencia» —dice la rueda. Sin ningún rotundo fracaso por un exceso de experimentación mal entendido, como pudo ser el caso de ese single musicalmente abortado que es Lights, el único problema que se puede achacar a El Pintor es que aún no son tan buenos como fueron; recalquemos, «aún». El Pintor funciona mejor como promesa de un futuro donde Interpol serán capaces de volver al ruedo con la maestría debida que, de facto, un ejemplo de genialidad cumplida. Lo cual es más de lo que merecemos. Ahí siguen todos los rasgos que nos enamoraron, las letras oscuras de amores al borde del colapso y las fugas imposibles hacia ninguna parte que nunca antes el post-punk había conocido, ¿cuál es el problema entonces? Que, como nos demuestran sus destellos de genialidad, son capaces de infinitamente más? ¿Y si hace falta esperar otros cuatro años para vislumbrar los resultados? Esperaremos con paciencia porque la mutabilidad es nuestra tragedia, pero también nuestra esperanza.

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