Joachim Witt – Bayreuth Eins (1998)

por Álvaro Mortem

Joachim Witt - Bayreuth Eins (1998)«Reinventarse o morir» —repiten con entusiasmo aquellos que rara vez se reinventan por haber nacido muertos. Cuando se tiene cierto carácter personal, la idea de reinventarse suena incluso ridícula: ya se es en potencialidad todo lo que se puede llegar a ser, convirtiendo en un gesto vacío toda posibilidad de reinvención. Al menos si lo entendemos en su más limitada acepción. Si aceptamos el concepto «reinvención» como adaptar la personalidad para dar cabida en ella a los nuevos principios que rigen la evolución cultural, entonces es cuando hablaremos de un gesto valioso por sí mismo; reinventarse sólo es útil cuando no se inventa una personalidad nueva, cuando se evoluciona desde una base personal ya constituida. Reinventarse es morir cuando requiere olvidar aquello que fuimos.

Aunque Joachim Witt sea desconocido en nuestra piel de toro, en el norte de Europa es considerado institución. Primero, haciéndose fuerte dentro del underground alemán, abrazando el krautrock, después, como uno de los más importantes abanderados de la Neue Deutsche Welle, pasaría a componer un curioso sonido pop; finalmente, y por motivo de reinvención, en los albores del nuevo milenio dio el salto al Neue Deutsche Härte. Añadir más será caer en el vicio del historiador. Con tendencias propias del industrial rock y con evidentes influencias del synthpop —como en la popular Die Flut, canción donde colaboraría con Peter Heppner, más conocido fuera de las fronteras teutonas— compone un totum revolutum donde todo cabe, aunque nunca acabe por alcanzar un vanguardismo fuerte, en busca de la perfecta canción pop, de todos modos, no en exceso oscura. Aunque su contundencia queda fuera de toda duda, nunca se permite excederse más allá del terreno de lo radiable.

En cualquier caso, Joachim Witt no es Rammstein ni pretender serlo. Después de varios años de silencio, y con ansias de hacerse de nuevo con el trono pop que ayudó a construir en su tierra natal, su retorno sabe como un intento desquiciado de robar el espíritu de los tiempos a los jóvenes. No es Rammstein, que suenan más auténticos aún en aquella época, ni es David Bowie, que ha conseguido fagotizar todos los movimientos populares de cada tiempo con éxito. Witt logra un éxito parcial, un intento de oscuridad impostada pensada en la radiofórmula, pero de tan pop que se presenta sólo puede definirse con un término: efectivo. La falta la oscura fuerza romántica de unos y el desprejuiciado análisis de tendencias del otro, pero con todo consigue firmar lo que muchos matarían por conseguir: un buen disco de industrial sin abandonar sus raíces en la balada. Lo cual, aunque insuficiente para la inteligencia musical, siempre es satisfactorio cuando hablamos de consumo.

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