Obelyskkh – Mount Nysa (2011)

por Álvaro Mortem

Obelyskkh - Mount Nysa (2011)Ser original implica permitir que otros creen réplicas vacías de contenido. Es imposible crear un sonido nuevo, reinventarlo o encontrar el modo de hacerlo personal sin que los buitres se abalancen sobre la posibilidad de rapiñar el talento restante entre los huesos esquilmados del, hasta entonces, nuevo espacio por descubrir; antes que en el talento es más fácil arrogarse en el canibalismo. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando las imitaciones trascienden de algún modo el original, añadiendo al conjunto su propia personalidad? Que entonces nos encontramos con algo nuevo, la obra de un artista, o con un exploit, la obra de un artesano. Al final la diferencia no es de genio, sino de intereses creados.

La influencia de Electric Wizard sobre Obelyskkh es tan evidente que puede resultar incómoda: una primera escucha nos presenta un grupo demasiado apegado a la tradición contemporánea del stoner/sludge con escasas, si es que no nulas, intenciones de trascender su singularidad. Si nos quedáramos en eso, el error sería mayúsculo. Aunque no se alejan en ninguna medida del original, apostando por el sonido pegajoso y un exuberante exceso de platillos para compactar el resultado, sorprende su capacidad para trascender su sonido sin hacerlo; es un exploit de Electric Wizard, un intento de hacer lo mismo con otros materiales, si cabe, más demenciales. Tenemos desde intrusiones en la psicodelia de corte espacial no sólo en lo musical, ya que temáticamente podríamos seguirlo en canciones como Superluminal Galaktik Journey, hasta referencias musicales con mayor carga experimental, con cierto tono à la Tool en canciones como Wolf-Like Dreams Of Early Chil; incluso en lo narrativo juega con la lógica exploit cuando, sin orden ni concierto, comienzan The Horned God con un sample de Zé do Caixão.

Mount Nysa es un pastiche que asume como base el sonido de Electric Wizard no para buscar un sonido propio, sino algo mucho más prosaico: una vuelta de tuerca extra, carente de sentido personal, a un concepto, de por sí, efectivo. Zé do Caixão no pinta nada en una canción de tintes espaciales que habla sobre Satán, pero resulta espectacular; el tono à la Tool de algunas de sus canciones no termina de cuajar en la lógica subyacente tras el disco, pero confiere sensación de profundidad. No buscan hacer algo personal, buscan hacer algo para molar. Ahí es donde logran un objeto de artesanía, un objeto que busca la utilidad instrumental por encima de lo demás, y no un objeto artístico, un objeto que busca trascender los límites conocidos de la representación del mundo. No es una obra de arte ni pretende serlo, porque es un encantador exploit hecho con el tosco mimo de un artesano descuidado. Y aunque amamos el arte, el mundo también necesita de muchos artesanos cualificados.

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